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“El mundo no cambia ante tus ojos, cambia a tus espaldas”. El escritor y guionista, Terry Hayes, regaló esta reflexión al enigmático protagonista de su novela Soy Pilgrim (Terry Hayes, ed. Salamandra. 2014). La idea, cuando la historia apenas era un boceto, sirve de contexto al relato de una pareja que emprende una epopeya tan arriesgada como necesaria: la aventura de crecer sin perder la identidad.

 

Llaguno y Amatriain: del trono a la resistencia

 

Es el año 2013, el primero de andadura del nuevo circuito profesional World Padel Tour. Tras siete torneos disputados, la estadística final encumbra a Eli Amatriain y a Patty Llaguno como nuevas reinas del padel femenino por apenas 29 puntos de diferencia con respecto a las segundas (Carolina Navarro y Ceci Reiter). Sobre la moqueta, en ese segundo año juntas, despegan con un juego sólido, disciplinado, muy eficaz, capaz de desbancar a una dupla que en 2012 había arrasado el circuito (último año de PPT) con 6 títulos y una sola derrota en toda la temporada.

 

De forma brillante, inesperada, Patty y Eli acaban con aquella hegemonía en el estreno de WPT. Pero mientras ocupan el trono, a sus espaldas, el mundo del padel viene mutando de manera inexorable. El relevo generacional va abriéndole paso a jugadoras con un estilo más punzante, con una idea más ofensiva, con una filosofía más atrevida. Aquella semilla ha ido germinando hasta transformar definitivamente el juego. Hoy, apenas tres años y medio después de su entronización, la riojana y la cartagenera se enfrentan a un escenario nuevo que amenaza con engullirlas. El desafío: renovarse o morir.

 

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Entrevista a Patty y Eli para Padelazo.com. Foto: Vamos Padel.

 

“Creo que ha habido un salto en la profesionalización de las jugadoras”, analiza Eli para Padelazo.com. Su voz es pausada. Su razonamiento es ordenado. Su discurso es preciso. Su mensaje es muy claro. Así es su juego. “No creo que haya sido una parte de acomodarnos nosotras sino de evolución del conjunto. Cuando un circuito se hace más profesional, la gente puede empezar a dedicarse con mayor ímpetu en eso. Esto ha hecho que el nivel mejore”.

 

La irrupción de las gemelas Sánchez Alayeto, la unión de Ale Salazar y Marta Marrero, la ascensión de Gemma Triay y Lucía Sainz, la aparición de Victoria Iglesias, el crecimiento de Marta Ortega junto a Ariana Sánchez, y las que asoman desde más abajo. El nuevo padel ha derrumbado las antiguas jerarquías y ha creado un nuevo orden en el que Patty y Eli buscan mantener un lugar protagonista. “Quizá hace unos años había parejas concretas que tenían un determinado tipo de juego. Ahora, para mí, se está convirtiendo en la norma”, afirma Amatriain.

 

A caballo entre aquel padel que se nutría del error y de este que ansía provocarlo se mueven Patty y Eli, conscientes de que su evolución es imprescindible para sostenerse. “Quizá nuestro padel es un padel más de esencia, puro padel,”-describe la riojana de Head-“nosotras estamos intentando adaptarnos a los cambios que vemos porque creemos que son necesarios”.

 

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Foto: WPT.

 

No es una cuestión de ranking, de títulos, de triunfos o derrotas. Va mucho más allá. El padel femenino se agita y quedarse quietas es el pasaporte para el abismo. “Creo que nunca consideramos que nos hemos estancado. Al final, una pareja va pasando por diferentes etapas”, coincide Patty con su compañera con quien suma ya seis temporadas juntas. “Cada año lo hemos afrontado con mucha ilusión y con ganas de seguir mejorando. Ahora estamos en ese momento, de incorporar cosas nuevas”.

 

Llaguno – Amatriain es una pareja reconocible en el orden, una dupla de juego disciplinado, ritmo bajo y trazo cartesiano. Destaca su capacidad de hipnotizar el duelo y tenacidad para agarrarse a la pista. Pero, de manera paradójica, la emboscada que procuran a sus rivales acaba, en muchas cosas, convirtiéndose en su propia mazmorra. Su pecado, el exceso de obediencia al esquema, les resta atrevimiento y les acaba convirtiendo en predecibles.

 

Patty Llaguno y Eli Amatriain: la fe y la telaraña

 

Desde su ascensión al número 1 en 2013, Patty y Eli sobreviven entre dos aguas. Con la mirada al frente, tratando de unirse a la pugna que mantienen las gemelas Sánchez Alayeto y Salazar y Marrero en la cima, y, al mismo tiempo, sin perder de vista el retrovisor, intentando no ceder al empuje de quienes se asoman desde abajo (Sainz y Triay o Martita Ortega y Ari, entre otras).

 

Derrotas que trascienden un marcador

 

Desde hace cuatro años, la formidable regularidad que vienen exhibiendo les ha valido para sostenerse pero no para crecer lo suficiente. Ahora, incluso, la supervivencia parece en riesgo en plena marejada de estilos del padel femenino. En estas últimas dos temporadas, han detectado indicios de la necesidad de un cambio en su juego. Partidos en los que la peor derrota ha trascendido el electrónico y ha alcanzado a su propia identidad.

 

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Foto: WPT.

 

Ya en 2016, las alarmas sonaron varias veces. Momentos como la derrota en el Valencia Master ante las gemelas (6-2 y 6-3), en el Open de Las Rozas ante Marta Marrero y una convaleciente Ale Salazar (6-3 y 6-2) o en el Open de La Nucía frente a las hermanas zaragozanas (6-2 y 6-2).

 

Esta temporada, sin embargo, los síntomas se ha reproducido con más frecuencia. Tras un gran inicio de año con el subcampeonato en Santander (previa victoria contra las gemelas por 6-3 y 7-5), su rendimiento ha ido cayendo hasta abrir grietas en su confianza. “Hemos tenido dudas y hemos salido de partidos…”–la pausa de Eli es elocuente–“Cuando sales de una pista y dices, lo he dado todo y me han ganado, bien. Pero cuando sales de la pista y te has sentido tan mal, al final, eso genera dudas. Esos momentos han sido complicados. Este año hemos tenido algún momento de esos”, reconoce la riojana sin reparos.

 

Dos de esos momentos difíciles se han traducido en dos dolorosas derrotas en este curso. Ambas en semifinales, en A Coruña contra las gemelas (6-0 y 6-0) y en Valladolid ante Salazar y Marrero (6-1 y 6-0). Ambas unidas a los tropiezos en cuartos de Barcelona (6-2 y 7-6 contra Tenorio e Iglesias), en semis de Mijas (6-2 y 6-2 contra las gemelas), y en cuartos en Alicante (6-4, 1-6 y 7-6 ante Victoria Iglesias y Teresa Navarro) complican la evolución que han emprendido Eli y Patty en este 2017.

 

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Foto: WPT.

 

Cambiar para ser

 

“Hemos sido siempre una pareja que no nos hemos guiado nunca por los resultados. Ni cuando ha ido bien ni cuando ha ido mal. Creo que es un error identificarse con un resultado”, advierte Amatriain como premisa de un propósito de cambio que va más allá de un marcador. “A nivel de sensaciones pienso que nuestro trabajo ha sido empezar a cambiar cosas, empezar a salirnos de nuestra zona de confort”.

 

La empresa no es sencilla. El camino parece alejarles de su identidad. Sin resultados a los que agarrarse, el trayecto es, por momentos, una cuestión de fe. El riesgo es extraviarse en tierra de nadie. “Nosotras nos sentimos más a gusto con un tipo de juego y veíamos que se está evolucionando hacia otra cosa diferente. No significa que perdamos nuestra esencia. Al final, nosotras somos buenas en esa parte defensiva”, admite Eli.

 

Sobre la pista, se atisban algunos cambios en el juego de la pareja y se adivinan intenciones. Amatriain achica pista constantemente, Patty recorta metros en cuanto puede. y asume el mando. Hay más voluntad de gobernar. “Consideramos que hay golpes que siguen siendo muy importantes como es el globo y que jamás hay que perderlos pero sí que estamos intentando incorporar cosas nuevas y creo que en estos procesos siempre hay momentos de dudas. Para mí estamos en esa parte: salir de esa zona de confort”, repite la de Head.

 

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Foto: WPT.

 

El propósito está pero aún requiere tiempo. “A veces no tenemos la seguridad que nos gustaría tener en la pista pero porque creo que estamos haciendo un poco el socavón. Estamos haciendo el trabajo sucio hasta que salga. Creo que ya empiezan a salir cosas que nos gustan, que son diferentes. Me quedo con esa parte positiva”, asegura Eli mientras su compañera remarca la senda. “Cada cosa que trabajamos nueva queremos incorporarla. Pero hay partidos que te salen mejor y te sientes con más ánimo de intentar. Creo que cada vez que hemos ido trabajando cosas, se van haciendo como más tuyas. Una tiene que ir haciéndose dueña de sus golpes”.

 

A esa voluntad, además, le unen la incorporación de un preparador físico que proporcione sostén al nuevo despliegue sobre la pista. “Hasta hoy, estamos muy contentas con el trabajo que estamos haciendo porque estamos acabando los torneos y notamos como que el cuerpo está fuerte. No acabamos muertas, con dolor de piernas. En esa parte, hemos mejorado, en la parte física”, reconoce Llaguno.

 

Incertidumbre, miedos y confianza ciega

 

Falta les hace. La travesía de Patty y Eli es una senda por lo desconocido. Una aventura táctica, psicológica y emocional que las enfrenta a la incertidumbre absoluta.

 

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Foto: WPT.

 

“La aventura existe, siempre y cuando no sepas qué va a suceder en lo que haces, en el siguiente paso”. La frase es de Araceli Segarra, la primera mujer española en hacer cumbre en el Everest, un verdadero referente de Llaguno que sirve para explicar este itinerario entre sombras; falto, en ocasiones, de lugares reconocibles; una prueba de confianza en cada paso.

 

En el Open de Valladolid del pasado mes de junio, en ese imponente escenario central enmarcado por la majestuosa Plaza Mayor, un miedo imprevisto, un temor traicionero paraliza a la cartagenera de Dunlop durante uno de los partidos (gana en cuartos a Tenorio e Iglesias y pierde en semis ante Salazar y Marrero). “Es como un vacío repentino que llega y no sabes muy bien por qué, pero te paraliza”, confiesa la jugadora un mes después en el diario La Verdad. “Es difícil explicarlo, pero a veces tienes la sensación de que no sabes muy bien qué haces ahí, en mitad de la pista”.

 

Patty, sobre la pista, por momentos, una extraña en su hábitat; como Araceli, en la montaña, afrontando el vértigo de la inmensidad.

 

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Foto: WPT.

 

Durante el episodio ocurrido en la prueba vallisoletana, Eli Amatriain se vuelca con su compañera, le anima, le ilumina, le hacer sentir que no está sola. Es el único, el mejor antídoto que manejan contra las tinieblas en este proceso de transformación y crecimiento: la fe en ellas mismas. “Todos los deportistas pasan por momentos de duda. Lo bueno que quizá tenemos es que nos apoyamos mucho la una en la otra. Al final, esa confianza que tenemos, a mí, le fe ciega que tenga en Patty sé que a ella le ayuda. Y por mi parte, lo mismo desde su lado”. El argumento de Amatriain conecta con el de Llaguno. “Todos tenemos nuestros momentos mejores y peores. Creo que cuando uno tiene un momento malo es bueno compartirlo más que nada para poder superarlo y afrontarlo”, cuenta Patty.

 

Ambas tienen a Neki (Neki Berwig, mucho más que su entrenadora, un pilar espiritual que trasciende los entrenamientos). Con ella no sólo trabajan el aspecto táctico de cada partido. Van mucho más allá. Vivir el momento, Relativizar los acontecimientos. Darse tiempo para reaccionar. Crecer superando los obstáculos. Un ejercicio permanente de gestión emocional, de autodescubrimiento, de toma de conciencia.

 

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Foto: WPT.

 

“Es maravilloso poder dedicarte a esto pero en la pista vives situaciones y momentos que son difíciles. Hay veces que nos hemos sentido diciendo ‘buahh,’”–habla Eli–“hay cosas que uno puede entender cuando ha estado viviéndolas aquí. Las emociones se magnifican, tanto las buenas como las malas. Al final, la superación de esos momentos es una satisfacción muy grande pero las dudas y los miedos también son muy grandes cuando uno está ahí dentro. Hemos pasado por momentos así. Y estoy convencida de que seguiremos pasándolos. Creo que al final, en eso consiste el trabajo de un deportista profesional, en crecer a través de esas situaciones”.

 

Sacrificio y resistencia

 

Talento no les falta. Su aspiración es subir un peldaño más sin renunciar a lo que son. Su fortaleza reside en un esfuerzo innegociable y una mentalidad inquebrantable. El ejemplo lo tienen reciente: el Master de Barcelona de 2016.

 

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Eli, retirada en camilla en el Open de La Nucía de 2015. Foto: WPT.

 

Horas antes de disputar la final, ni siquiera sabían si iban a poder jugar. “Estábamos en urgencias y nos decían que no íbamos a poder jugar (por una afección de Patty)”, recuerda Eli. “Nunca se me va a olvidar. Que te diga un médico: mañana no vas a poder coger una pala ni nada. Y al día siguiente estás jugando y al final acabas ganando el torneo”.

 

Porque Llaguno y Amatriain se impusieron en aquella prueba. Una lección de coraje bajo la lluvia de la Ciudad Condal que acabó además con la riojana en el hospital. “Me hicieron una resonancia y tenía tres roturillas pequeñas en el glúteo. Ahí te das cuenta de que si uno quiere, puede. Mira que nuestro cuerpo nos estaba diciendo que hasta aquí. La competición es dura. A veces llevas a tu cuerpo y a tu mente a unos límites que no son sanos. Ahí nos dimos cuenta de la importancia de la fortaleza mental. Aunque suene a tópico, nos dimos cuenta de que el poder de la mente es clave”. No es la primera vez que sufren más allá de lo debido (en el Open de La Nucía de 2015, Eli salió en camilla de la central). Ejemplos de sacrificio y determinación, de coraje y resistencia.

 

Es esa, precisamente, la luz que las ilumina en esta travesía. Su carácter. No sólo en el agitado padel femenino de hoy. También en la vida.

 

“Ni tan alto, ni tan difícil”. El título del libro de Araceli Segarra sirve para resumir la filosofía con la que Llaguno y Amatriain se enfrentan a su propio Himalaya. Toda una declaración de principios en cuya primera página, a modo de destello, descubre su esencia en forma de cita del dramaturgo Thomas Stern Eliot: “Sólo aquellos que se arriesgan a ir demasiado lejos, pueden descubrir cuan lejos pueden llegar”. Lejos están Patty y Eli de lo que fueron ayer, en pleno camino para descubrir donde quieren llegar, lo que aspiran a ser.

 

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Foto: WPT.

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