¡Más, más arriba!, le pide una y otra vez su hermana en pleno asalto rival. ¡Pégate a la red! ¡Ahí!, le suplica con insistencia su compañera que ve cómo sus adversarias van descontando juegos en su camino hacia la gloria.
Pero no es fácil alcanzar la cinta en mitad de semejante tempestad. Y mucho menos mantenerse, resistir al borde de la divisoria, impasible ante la furia que aprieta en paralelo. Ni siquiera para una jugadora de espíritu aguerrido y pádel sacrificado, como Lourdes Arregui. No, desde luego, cuando la que enfrente aprieta es Patricia Mowbray. Que pega, percute, volea, asombra. A su lado, Librada Navarro eleva el muro y repele lo que llega.





























































