Comenzaron con algunas dudas y han acabado a lo grande. Los números 1, Maxi Sánchez y Sanyo Gutiérrez, inician la temporada 2019 de la misma forma que la anterior: ganando.

Los puntanos se han impuesto en la final masculina del Cervezas Victoria Marbella Master 2019 a los andaluces Paquito Navarro y Juan Lebrón.

El duelo, aunque con pasajes vibrantes, ha estado controlado en todo momento por la solidez de los argentinos. Sanyo, estelar, ha sido decisivo en la consecución del título.

No te pierdas los detalles del encuentro en la crónica de la final masculina del Master de Marbella 2019.

Final masculina Cervezas Victoria Marbella Master 2019

Los andaluces están al borde del abismo. Un punto separa a sus rivales del triunfo en un tie break vibrante. Paquito y Lebrón se lo juegan al resto. Tras dos globos estratosféricos del sevillano, se cruzan éste y su compañero y cambian de lado, una constante en este tramo del encuentro.

Paquito afila la volea al medio y la contra exigida de Sanyo, corta, pide ser despedazada con el remate. La opción es clara y el momento, a un paso de la derrota, reclama atrevimiento. Pero el sevillano desdeña el recurso y opta por un amago que no se tragan sus rivales.

El instante conecta con un momento pasado de esta misma final. Con 1-1 en el marcador del segundo set, Paquito, que saca, se atreve con el remate pero Maxi lo pulveriza por cuatro metros en la red.

No sube nada, coño, se lamenta el de Bullpadel en un diagnóstico certero. Desde ese momento, Navarro parece renunciar a su pegada incluso en situaciones tan claras como la que ocurre en el tie break.

La estadística final explica el temor del jugador. Él y Lebrón ganan 11 de los 20 remates que realizaron frente a los 24 de 30 que consiguen sus rivales. El último, por cierto, les dará el título.

El caso es que Sanyo y Maxi se adaptan mejor a la lenta moqueta instalada en el Polideportivo Elena Benítez de San Pedro Alcántara.

Tras los sustos del debut y, sobre todo, de cuartos de final, los puntanos recuperan el trazo sólido de su juego.

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Lo hacen con un infatigable Tiburón que le añade argamasa al despliegue, por más que hoy, por momentos, no esté todo lo atinado que acostumbra.

La diferencia, sin embargo, está justo a su derecha. Sanyo Gutiérrez se muestra intratable durante todo el encuentro. No es sólo su talento. Tiene el partido en la cabeza y su insultante facilidad para apoderarse del juego cada vez que interviene le lleva a marcar diferencias.

En el primer set, sin embargo, tampoco necesitan de una gran versión. Les basta con ser consistentes para desarbolar a sus contrarios.

El trazo en el arranque de Paquito y Lebrón, protagonistas de una remontada apoteósica en semifinales contra Bela y Lima, se deshilacha con facilidad. No logran construir respuestas para sostenerle el juego a sus adversarios.

El marcador lo refleja a la perfección con un parcial de inicial de 5-0. El amplio despliegue del puntano de Bullpadel permite a Sanyo elegir cuándo y dónde intervenir.

El primer acto se clausura sin demasiada discusión (6-1).

La grada, al rescate de Paquito y Lebrón

En la reanudación, con toda una grada a su favor deseando conectarse, Paquito y Lebrón tratan de apelar a lo emocional. Levantan dos bolas de break en contra en el tercero y su celebración levanta al público (1-2).

Esa conexión con la afición retroalimenta a los andaluces que, enseguida, disponen de una opción de quiebre a su favor al saque de Sanyo. Lebrón se descuelga del fondo y emerge en la red para definir sin que le detecten.

No logran el break (2-2) pero el panorama ya es distinto.

Durante todo el torneo, Navarro y Lebrón han sido elegidos como las favoritos de la grada. Lo comprobaron Lamperti y Capra, y también Bela y Lima.

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Hoy, incluso por debajo en el marcador, el público se muestra ansioso de participar en la final. Se agita durante una revisión de video y estalla cuando el tanto, sin demasiada trascendencia, cae del lado de los suyos.

Sobre la moqueta, los pupilos de Ramiro Choya se intercambian posiciones, se escalonan cuando pueden y tratan de sorprender a sus contrarios pero no lo consiguen. Les falta atrevimiento en momentos puntuales.

En el undécimo, el break que obtienen Maxi y Sanyo parece definitivo (6-5). Pero no es así para delirio de los aficionados presentes.

Lo que no lograron en todo el encuentro, lo consiguen in extremis. Paquito y Lebrón, un peligro cuando juegan sin red, rompen a Sanyo y provocan el tie break (6-6).

En un lateral de la grada, el padre de Lebrón se muestra ya incontenible. Se agita, aplaude, se estremece, se persigna y se encomienda a quien le oiga.

Mientras su hijo y su compañero levantan tres bolas de partido. ¡Sí se puede! El grito invade el recinto mientras el rugir de la afición prepara la opción de un empate épico.

Pero un mago, un jugador hechizado, un talento infinito que vive hoy los mejores días de su carrera, se apodera por última vez del juego y certifica el final del partido con su remate. Lo hace Sanyo, como todo, con una naturalidad asombrosa.

La victoria (6-1 y 7-6) deja a la grada sin sus campeones y corona a los números 1 en la primera cita del año.

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