Un inoportuno resbalón doblega su verticalidad. Justo cuando sus rivales aprietan, cuando buscan la red, cuando aspiran a percutir con el cuchillo o con el mazo para abrirse camino en un duelo de mano firme.

 

El traspié le tumba cuando no debe. Un infortunio que abre una avenida por su lado, un oceáno en el que sus adversarios buscan certificar la oportunidad de break que se les abre al comienzo del segundo set. Pero la respuesta de esta perla del padel es sublime.

 

Felino, intrépido, osado. Vuela a ras de moqueta para volear el primer intento de su oponente. A quemarropa detiene luego el segundo intento. Recuperada la posición, levantado el muro en la cinta, su contrario acaba fallando en la red.

 

La ovación del público adorna una escena que encumbra a este diamante boquerón de 15 años. Una promesa que refleja su imagen en el espejo de su entrenador, Carlos Muñoz. Un diablillo con sonrisa pícara y muñeca diabólica que curte su padel en cualquier escenario. Ahora se enfrenta a la final de 2ª masculina del Torneo de Padel Optimil, un duelo en el que le acompaña su mentor sobre la pista y que le mide a Francisco Funes y Mariano Gil.

 

Para llegar allí, Braulio y Carlos se imponen en un maratón de padel ante dos adversarios sublimes que se quedan a un palmo de la victoria (6-7, 6-4 y 7-5) en semifinales, Carlos Díaz-Otero y el cadete Álvaro García.

 

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Funes, en la semifinal.

 

Por su parte, Funes y Gil sellan también su pase a la final con un kilométrico y apretado triunfo ante Pancho y Mario Gutiérrez, un duelo a cara de perro que se decide en la foto finish (4-6, 7-5 y 7-6).

 

La pugna por la victoria en el enfrentamiento definitivo se desnivela muy pronto. Apenas un juego tardan Carlos y Braulio en marcar el territorio. Lo hacen con un break al saque de Mariano que inaugura el marcador (0-1).

 

En este arranque, la calma del malagueño de Babolat mece el juego. Su dictado pone la pausa desde el fondo y la aceleración en torno a la red. El despliegue inconmensurable de Braulio, a su lado, termina por provocar la fractura en el estreno del partido. Una brecha que a punto está de engullir a Funes y Gil cuando, sin haber estrenado aún su casillero, se asoman al abismo del 15-40 en el tercero con saque propio.

 

Un error de Carlos Muñoz en una salida de pared y una sensacional secuencia de liftados por alto de Funes evitan el temprano descalabro (1-2).

 

Sobre la moqueta, el empuje de Braulio y su entrenador puede más que la resistencia de sus rivales. El esfuerzo de las semifinales, que Funes y Mariano terminan hace apenas hora y media, son cadenas en los tobillos que les resta movilidad y determinación para discutir el gobierno en cada intercambio. De nuevo, la fosa se abre a los pies de ambos con el saque de Funes y un 0-40 en el séptimo.

 

Sin embargo, a falta de fuelle, el oficio también aporta. Un resto de Carlitos que se marcha fuera; una enorme bajada de Mariano que abre una brecha que él se encarga de cerrar por cuatro metros; y, de nuevo, un envío liftado de Funes a la malla lateral que atrapa a Muñoz, son los tres toques de corneta que ahuyentan el peligro de break y les mantiene en el pulso (3-4).

 

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Braulio y Carlos Muñoz, en la semifinal.

 

Gil y Funes, supervivientes a la tormenta, cogen vuelo para darle la vuelta al encuentro. A continuación, tras esquivar la debacle, asestan su primer golpe. Aflojan Carlos y Braulio. Funes, soberbio, marea al cadete para abrir hueco. Mariano eleva el muro en la cinta para empujar a sus contrarios al fondo. Una gran bajada de Gil la volea Carlos Muñoz directamente a la red. El break encuentra continuidad con el saque de Mariano para firmar un parcial de 3-0 que les sitúa a un suspiro de abrochar el primer set (5-4).

 

Es un acto de rebeldía, un ejercicio de resistencia de dos experimentados equilibristas que, tras tambalearse sobre el alambre, se agarran, evitan el precipicio, y aceleran por sorpresa para alcanzar el otro lado del desfiladero. Sin embargo, Carlos Muñoz no da opción con su saque que lo firma en blanco (5-5). A continuación, el hachazo viene del otro lado.

 

Funes saca pero su juego y el de su compañero se desploma. El de Fantasy Padel estrella una volea en la red. Idéntico destino de la bandeja de Mariano que les da a sus oponentes la opción del quiebre. Finalmente, el propio Funes trata de definir con un remate que no vuela. Carlos Muñoz, en la red, certifica el break (5-6).

 

El golpe que debiera ser definitivo, a punto está de no serlo, de nuevo, por la capacidad de supervivencia de sus contrarios que, al saque de Braulio, se procuran la opción de abrir la puerta del tie break. Sin embargo, Muñoz decanta de su lado el duelo que mantiene con Mariano Gil y aborta la ofensiva. Aunque éste y Funes se resisten a ceder, es Braulio quien en la red, desnivela el duelo de voleas y rubrica a su favor la primera manga (5-7).

 

Mismo guión en el segundo set

 

Se desgañita Mariano con Funes. Le reclama intensidad y firmeza en el juego. No la pases, pégale a la bola, le reclama el experto jugador al de Fantasy. En la reanudación, sin embargo, repiten el mismo inicio del primer acto.

 

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Mariano Gil, en la semifinal.

 

Carlos y Braulio desordenan a sus rivales. Al contrario que ellos, el maestro y el alumno se despliegan por la misma ruta, trazan el mismo relato, retratan una misma propuesta sobre la moqueta. Nada ver con la respuesta que encuentran enfrente. Funes y Gil se resquebrajan. Los errores penalizan su anárquico intento de resistencia. Una volea fallida y una salida de pared que se queda en la red, ambas de Funes, entregan el saque a sus oponentes (0-1).

 

El traspié, reincidente, es lo suficientemente importante como para tumbar a cualquiera. No a estos dos funambulistas que, de inmediato, tratan de cerrar la brecha. Hasta tres bolas de break consiguen al saque de Carlos en el segundo. La primera es el propio Carlos Muñoz quien la anula con una volea afilada que se duerme junto a la esquina. Después, un error de Gil con el remate, cuando lo tenía todo a favor, impide que conviertan la segunda. La tercera oportunidad se les escapa junto al globo que Funes envía fuera.

 

Con el botín en la buchaca (0-2), a Carlos y Braulio les basta con manejar la diferencia para anotarse el triunfo. La empresa, sin embargo, no es nada fácil ante dos oponentes que se mueven de maravilla en el filo del cuerda.

 

Como ocurriera en el primer set, la reacción de Funes y Mariano llega, al principio, de forma inapreciable, casi disimulada, silenciosa. Sin aspavientos. Sin voces. Con Mariano Gil en mute y Funes buscando rendijas. Un punto de aquí, otro de allí. Una suave sucesión de pequeñas olas que rompe la calma del mar hasta acaba por tumbar la barcaza. Una gota incesante que de manera imperceptible va desgastando la roca.

 

Así, sin ruido, Funes y Mariano Gil emergen de nuevo. Otra vez, un parcial de 3-0. Incluido un break al saque de Braulio que llega después de que el jovencísimo jugador estrelle en la red una bandeja, uno de los escasos errores que comete. La rotura y dos servicios propios conducen la remontada de Mariano y a Funes (3-2).

 

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Braulio rizo, en la semifinal.

 

Entremedias, Braulio deslumbra con su pundonor y talento, con su juego firme y picante. A su lado, Carlos Muñoz cambia la inercia del juego cuando toma las riendas, un objetivo que sus contrarios tratan de evitar.

 

Advertidas ambas duplas, se equilibra el juego al son de los saques. En el noveno (5-4), con servicio de Carlos, Gil y Funes atisban una pequeña fisura en el muro contrario. Un 0-30 les sitúa al filo de provocar el tercer set. Pero el acierto de Carlos y el fallo de Mariano cierran la ocasión (5-5).

 

Precisamente, son Carlos y Braulio los que aprovechan su oportunidad. En el undécimo, los dos de Babolat se abalanzan sobre el servicio de Funes. Él y su compañero salvan la primera bola de break en contra. La segunda, en cambio, significa la rotura. Funes pega pero no define. Carlos, por cuatro metros, se procura la opción. Finalmente, un resto paralelo sorprende a Mariano Gil cuya volea se va al cristal de fondo (5-6).

 

Para cerrar, Rizo y Muñoz deben evitar la última ofensiva de sus contrarios. Son dos pelotas de break las que salvan al saque de Braulio. La primera la procura Funes, espléndido, con un gran despliegue que resiste al fondo y define adelante. Su globo fuera, sin embargo, le impide coronar su acción con la rotura. Después, el propio Funes pilla a Carlitos Muñoz con un liftado por alto. Tampoco esa se traduce en el quiebre del servicio. Un remate por tres metros de Carlos lo impide.

 

Las dos ocasiones perdidas exasperan a Mariano que resopla. El gesto resulta elocuente. Dos errores suyos acaban por echarle el telón al encuentro. ¡Vamos! El grito de Carlos Muñoz celebra el triunfo al fundirse en un abrazo con su pupilo, Braulio Rizo, una perla que va moldeando su padel al fuego que impone de su fabuloso entrenador, una promesa que no sólo exhibe la progresión de su afilado juego, sino la evolución de su creciente madurez en la pista. La final que ahora festeja es fiel reflejo de ello.

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