Con el remate tan intimidante que tiene, la volea tan hermosa y afilada que exhibe, incluso, la plasticidad y elegancia de sus movimientos, resulta que a Gemma Triay ahora le definen mejor que cualquier otra cosa las dejadas… Las dejadas de compañera, claro.
La menorquina, desde que rompió con Salazar, suma tantos títulos como acompañantes.
Ayer anunció en redes sociales que despachaba a Marta Ortega de un plumazo sin haber comenzado siquiera la temporada oficial de Premier Pádel. Le ha bastado el bolo de la Hexagon Cup para desdecirse de su compromiso de continuidad, otra constante en la espiral de despropósitos en que está inmersa Triay.

A Alejandra Salazar la fulminó en agosto mientras estaba lesionada. Le dijo que sí pero luego fue que no. Ahora, a Martita la despide en plena pretemporada tras haberle dicho que sí pero que, al final, también ha sido que no.
La jugadora balear empieza a tener serios problemas de credibilidad, un ingrediente espléndido para una crisis de reputación que, lejos de resolver, agrava con cada decisión.
Ayer deslizó el comunicado en una historia de Instagram. No se atrevió a replicarlo en ninguna red social, tras lo que sufrió en el episodio de Salazar (como ya contó a Alvar Madrid en una espléndida entrevista en Relevo). En su lugar, se ha ido directa al diario Marca (gran trabajo de Jesús Mata) para explicarse. O, al menos, intentarlo. Triay, escarmentada del affaire que vivió con Salazar en el que terminó quedando en fuera de juego, se ha adelantado a Martita y sale primero con la evidente intención de marcar terreno.

Pero, ni siquiera tomando la iniciativa consigue Triay manejar bien su comunicación. Su discurso hace aguas por todos lados.
Sin autocrítica (apenas un “no estaba consiguiendo sacar la mejor versión de Marta ni la mía tampoco”), termina señalando a Martita al poner el foco en una cuestión de rendimiento de la pareja. Triay ya desveló cuestiones internas de la pareja cuando explicó su adiós a Alejandra. Ahora, vuelve a hablar en nombre de la dupla que forma con Martita para apuntar a un bloqueo, a que no disfrutaban, que no han sabido consolidar el nivel de los entrenamientos. Pero, ¿quién estuvo más lejos de su nivel? Ortega se fajó, ofreció sus prestaciones, incluso, trató de ir más allá buscando algo más de agresividad en su juego. No siempre lo consiguió, evidentemente. ¿Hizo lo mismo Gemma? ¿Cumplió con el rol que le correspondía? Es evidente que no, lo reconoce la propia jugadora que, sin embargo, no asume su error: darle continuidad a un proyecto que ya intentó abortar en diciembre.
En realidad, el propósito de Triay con la entrevista es intentar anticiparse, lo que no hizo con Salazar, y tratar de minimizar el daño. Escarmentada del error que cometió con Ale en su día, ahora se empeña en adelantar que no hay problema personal con Ortega. Lo repite varias veces hasta que termina reconociendo que igual muy bien no le ha caído a Martita que, tras haberle dicho que sí hace un mes y medio, la dejen tirada antes del primer torneo con menos margen de elección que si la ruptura hubiera sido en diciembre. Desde luego, la madrileña debe estar encantada de estar obligada a compartir pista con Triay en el primer torneo del año, el P1 de Ryad de Premier Padel. O como dice Gemma en Marca: «Iremos con la mejor de las caras».
En cualquier caso, la decisión de Triay de romper con Ortega es legítima como lo fue hace cinco meses la de dejar a Salazar. Lo que le falla a Gemma es el tiempo, la forma y la palabra. Vamos, casi todo.

“No ha sido una decisión fácil, está muy meditada y creo que es lo mejor para las dos”, explica hoy la jugadora sobre la ruptura con Martita. “Después de una decisión no planificada y muy sopesada se despide #TriaZar”, dijo ayer para la de Salazar. Es llamativa que, pese a lo que sopesa las cosas, no logre acertar con el momento y la manera.
Lo que parece claro es que cada vez que medita, saca la guadaña. Igual, al contrario de lo parece razonable, Gemma debería no pensar tanto; al menos, no tanto en lo de al lado y poner más el foco en sí misma y en su rendimiento.
Reina indiscutible durante tres temporadas, la jugadora de Mahón es un espectro de lo que ha sido en la pista. Su rendimiento ha bajado de forma considerable mientras se enreda en una espiral de bandazos cuyas consecuencias agrava aún más con una deficiente comunicación.
Triay ha elegido ya nueva compañera. Cuentan que se trata de la joven Claudia Fernández (a punto de cumplir 18 años), un proyecto de jugadora muy grande que se encuentra ante una oportunidad formidable. El asunto es si, para la de Mahón, ¿es esta una elección definitiva o es un sí pero no? ¿Tiene fecha de caducidad o depende de cómo fluya la menorquina? ¿Meditará Triay sobre ello con la guadaña al hombro? Y sobre todo, ¿hubiese sido esta su elección si la decisión de romper con Marta la hubiera tomado en diciembre cuando se puso a hacer llamadas? Al final, hasta la propia Gemma es víctima de su desvarío.
