Hubo récord en Buenos Aires. Era lo que se buscaba. Un titular y una foto fija que permaneciera por encima de todo… hasta el próximo torneo. Consiguieron la imagen, lograron el dato, pero no les alcanza para tapar tanta vergüenza. Y es que hace tiempo que en Premier Padel, la cantidad de mugre es tal que resulta indisimulable incluso para unos maestros de la fábula como los del circuito catarí.
16.156. El sábado, la organización del torneo y la Asociación de Pádel Argentino (APA) anunciaron el ansiado “récord mundial” de espectadores en un partido de pádel. 16.156 personas se dieron cita en las gradas del Parque Roca. No se contabilizaron las 12.000 que fueron a ver los cuartos de final aplazados el sainete del día anterior, y que hubo que desalojar. APA pregonó su registro. Premier Padel se sumó a la celebración.
El logro, sin embargo, es insuficiente para tapar el despropósito de una semana de pádel que constata una realidad: sí, Argentina merece más fechas del circuito profesional; pero también más respeto.
La esperpéntica gestión del incidente de cuartos
La imagen del torneo bien pudo ser la del entregado público argentino abarrotando el recinto. El problema es que esa iconografía tiene dura competencia. La escena de ese percance en la pista central que obligó a suspender parte de la jornada de cuartos de final y a trasladarla al sábado, de por sí, tiene su peso. Pero lo que de verdad resulta imbatible es la terrorífica gestión de todo ello.
Ya no es que ocurra un incidente así en un torneo. Los cristales están expuestos al choque de los jugadores. Lo reseñable es que la reparación del mismo provoque la suspensión de la competición. Aceptable en un club cualquiera; incomprensible en un evento en el que la pista se monta ex profeso y que, en teoría, debe contar con un equipo de intervención rápida y mantenimiento que tenga previsto distintos escenarios. Sucedió al inicio del partido de cuartos entre Galán y Chingotto con Di Nenno y Tello. Que fuera este, un jugador, quien se percatara del desperfecto en dos de las láminas de cristal del fondo da una idea del protocolo de revisión de pista entre partidos.
Que Mejorset, proveedor oficial de pistas de Premier Padel y de la FIP, tuviera que salir en redes sociales a desvincularse del ridículo y a dejar claro que el proveedor local les (mal)copió la instalación añade surrealismo a la escena.
Lo peor ocurrió después. El público esperó y esperó en las gradas mientras se intentaba reparar el problema, existente, sí, por más que la retransmisión oficial tratara de ocultarlo sin mostrar ni una sola imagen. Viendo la demora, se invitó a la gente a salir. Después se le ordenó marcharse. Cuando la suspensión ya era un hecho, la organización local, Premier Padel y la FIP todavía guardaban silencio en sus canales oficiales. Con los operarios en pista, Premier publicó un video del público haciendo la ola. Ni una palabra sobre el juego suspendido. Eran las 20.00h en España. No fue hasta las 23.22h cuando decidió comunicar algo sobre el incidente.
El colofón estuvo a la altura del sainete. Suspendida la jornada definitivamente, se anunció que los espectadores con entrada que habían sido desalojados no podrían acceder el sábado para presenciar los partidos de cuartos final pendientes. Poco después, recularon y permitieron el acceso del público que había pagado su entrada, que tendría que desalojar el recinto antes de las semifinales. Un despropósito que cuenta Uri Leczycki en Padel Network.
El récord de público ya lo tenía complicado para competir con la imagen que ofreció este desastre. Imposible si, además, se añade que dos de las figuras de la selección argentina, Delfi Brea y Claudia Jensen, disputaron el partido de cuartos que les enfrentaba a puerta cerrada, una vez desalojado el recinto. La estampa de las dos jugadoras de la tierra jugando sin público no admite contraposición.
El frío y el hedor no llegaron a Munich
Poderosa es también la imagen de los deportistas jugando durante la semana con todo tipo de prendas de abrigo. Esa foto de Paula Josemaría con sudadera es imborrable. La elección del escenario, un recinto cubierto pero abierto, permeable al frío, en esta época, agravada por una ola de frío, apunta al organizador, a la APA y a Premier Padel.
Otra estampa para el recuerdo es la doble jornada del sábado, con retirada de Ale Galán, que tras jugar por la mañana, tuvo que abandonar por la tarde por unos problemas estomacales a los que no ayudaron el sobreesfuerzo. Y pudo ser peor. Solo el pundonor, y desde luego, la lucha por recuperar el número uno, llevaron a Paula Josemaría a mantenerse en pista hasta el último día. Ni siquiera pudo acudir a la entrega de trofeos. Esa foto coja con tres de los cuatro campeones explica bien parte de esta edición del torneo.

Tampoco desmerece la escena de la jornada de semifinales finalizando pasadas las dos de madrugada (y eso que hubo un abandono). Insólita es la imagen de Coello en el banquillo protestando por la pestilencia que había en el recinto y que alcanzaba la pista central. «Que haga frío, vale, pero el olor a mierda que hay, es tremendo». Contradijeron hasta el nombre capitalino.
Y vergonzosa la de las colas de personas agolpadas en torno a los insuficientes baños portátiles instalados; o la de las protestas por los precios de la comida y la bebida.
Sí, quedó claro. Buscaron el récord a toda costa. O más bien, a costa de la gente.
Ni el hedor ni el frío, sin embargo, alcanzó al presidente de la FIP, Luigi Carraro, vicepresidente de Premier Padel, a refugio en la final de la Champions League, en Munich, junto a su nuevo mejor amigo, Nasser Al-Khelaifi, mientras la vergüenza se apoderaba del P1 de Buenos Aires.
En Argentina, al volante estaba, entre otros, Santiago Brito, el presidente de la APA (Asociación de Pádel Argentino) y flamante ‘advisor’ del proyecto olímpico en la FIP por obra y gracia de Carraro, tras las últimas últimas elecciones en el organismo internacional. El hombre, al parecer, vive obsesionado con los récords.
Desde antes siquiera de montar la pista, el dirigente argentino ya mascullaba el término. «El estadio no es un detalle menor, es uno de los más grandes a nivel mundial. Argentina demostró estar capacitada en Mendoza, cuando llegó a juntar 13.000 personas. Si logramos el récord es digno de enorgullecerse», contó en Olé en marzo en la presentación del torneo.
En 2023, Brito elevó a la categoría de récord la afluencia registrada en las semifinales del Mendoza P1 (13.932 personas). El aforo oficial no insinuaba tal cifra. No le importó. Premier Padel, en cambio, no avaló aquel registro (tampoco lo desmintió) y se limitó a hablar de “una impresionante asistencia” y de “multitud de espectadores”. Esta vez, el circuito catarí, pese a lo ocurrido, sí se ha sumado al relato para sacar pecho.

Así es que, sí, tal como buscaba, Brito, Premier y la FIP tienen su nuevo (y pestilente) récord y, por tanto, la ocasión de enorgullecerse (sacar pecho) por el logro de afluencia. El álbum de la vergonzante cara B del torneo queda para la hemeroteca.
Cuestión de fotos.
