“¡Fue mala, pegó en el cristal!”, se desespera Cepero. “Para mí fue buenísima”, replica Demianiuk. La discusión ha detenido el partido con un 30-30 del séptimo juego del tercer set (6-3, 3-6 y 3-3). Es la final del VIII Torneo de Pádel San Miguel, que se disputa en el club El Candado, con una grada abarrotada de gente, que divide su apoyo a uno y otro lado de la red; mientras cuatro colosos, las dos mejores parejas de la competición, combaten en la pista en un día ya de verano: Guille El Rayo Deminainuk y Ale Ruiz, por un lado; y Gonzalo Rubio y Chiqui Cepero, por otro.

Desde que la bola sale despedida del extremo superior de la Babolat de Alejandro Ruiz e impacta en el cristal de fondo, la duda ha detenido el juego con un acalorado debate entre ambas duplas cuyo propósito es determinar si la pelota tocó el suelo antes o después del cristal. La cuestión no es baladí, pues supone la oportunidad para Rubio y Cepero de disponer de una bola de break al servicio de Ale Ruiz en la manga definitiva; y eso se nota en la defensa de los argumentos.

Hasta llegar ahí, la central de El Candado ha presenciado un duelo intenso, muy táctico, con un dominio alterno para ambas duplas. Demianiuk y Ale realizan un gran primer set en el que marcan el ritmo y hacen gala de una mayor solidez que sus rivales. Si bien, en los primeros compases del encuentro, los protagonistas son los errores de ambas parejas, sobre todo al resto. Así, se suceden en blanco los dos primeros juegos del partido, uno con servicio de El Rayo, y el otro, de Gonzalo Rubio (1-1).

Guille Demianiuk ejecuta una volea de revés en la final del Torneo de Pádel San Miguel en el club El Candado.

Sin embargo, poco a poco, Ale Ruiz y Demianuk van afinando sus golpes, reduciendo sus fallos, y metiendo presión a sus rivales hasta que, en el sexto juego, llega el primer punto de inflexión del partido. Gonzalo Rubio, al servicio, que falla en la red con todo a favor, y Cepero, desperdiciando también una bandeja fácil, entregan a sus oponentes el primer break del partido, y además, en blanco (3-2).

Con el saque de Ale Ruiz consolidan la ruptura y abren una distancia en el marcador insalvable para el gaditano y el sevillano, que no pueden contrarrestar el ritmo de sus adversarios. En este tramo del partido, Ale Ruiz ya ha logrado domar su ansiedad inicial y va camino de firmar una tremenda actuación, incisiva en la red y formidable en defensa.

La pelota que cierra el primer set se estrella directamente en la red tras ser impactada por Gonzalo Rubio de revés a la altura del hombro, un error incomprensible que explica en parte lo visto en los nueve juegos de la primera manga (6-3).

La balanza cambia su inclinación

“¡Vamos!–anima Cepero–¡Vamos macho!” La voz grave del gaditano retumba en la pista con el primer break que se adjudican al poco de comenzar la segunda manga. Para ello, él y su compañero han cambiado la estrategia. Han optado por reducir de manera significativa el ritmo de juego, han persistido por el lado de Demianiuk con globos estratosféricos y, sobre todo, han ocupado la red con mayor firmeza y determinación.

Álvaro Cepero, en la final del Torneo de Pádel San Miguel de El Candado.

Esa apuesta ha revertido la situación hasta inclinar la balanza de su lado y descubrir algunas debilidades en la otra parte de la pista. El 0-2 es una rotura del servicio de Demianiuk que éste y Ale Ruiz conceden de forma incomprensible con un catálogo de errores impropios de su nivel.

El argentino empieza a sufrir un calvario para devolver esos globos que caen perpendiculares del cielo sobre la línea de saque. Tampoco ayudan algunos errores del joven jugador malagueño que parecían olvidados en el inicio del partido. Ambos, además, restan horrible y mezclan peor. Se parten a la hora de atacar y defender, interpretan las necesidades del juego por separado y, de manera individual, buscan soluciones a los desafíos que se les van presentando.

Aún así, es Ale Ruiz quien protagoniza uno de los grandes puntos del partido que provoca la ovación de la grada. El malagueño recorre la pista de un lado a otro y del fondo a la red para salvar cuatro pelotas imposibles y provocar el fallo de sus rivales.

No basta, sin embargo, la rebeldía juvenil de Ale para detener la avalancha de Cepero y Rubio, que se aprovechan de la descoordinación de sus adversarios para gobernar el encuentro desde la red. Llegan a disponer de dos bolas de break en el sexto juego para encarrilar aún más el set. En el noveno (3-5), desperdician una pelota de set y conceden incluso una ocasión de rotura con servicio de Rubio, una pelota que ni Demianiuk ni Ale, con todo a favor, logran aprovechar para acortar el marcador e impedir un tercer set. El jugador sevillano y Cepero, en cambio, sí lo hacen y utilizan un mal remate de El Rayo para cerrar el segundo parcial por idéntico marcador que el primero (3-6).

Igualdad y tensión en el tercer set

El tramo decisivo del partido comienza con las dos parejas muy metidas, olvidado lo anterior y preparadas para el desafío final. El primer juego del último set cae del lado de Demianiuk y Ale Ruiz, y deja otro punto memorable con el malagueño por los suelos salvando una pelota que se perdía, y el argentino definiendo con una bola junto al cristal.

Ale Ruiz resultó decisivo en la final.

Este último parcial ofrece la mejor versión de Ale Ruiz, que plantado en la red, exhibe un brazo de hierro y unos reflejos felinos para devolver en la misma jugada hasta tres misiles consecutivos que Cepero le ha lanzado al pecho, y ganar el punto. Esa persistencia arrastra también a Demianiuk que se mete de nuevo en el partido.

Mientras, Cepero y Rubio mantienen el plan trazado en el segundo set, con globos lunáticos por encima de la cabeza de su rival argentino para ganar la red y mandar desde ahí en el juego.

De esta forma, encara el encuentro su recta final con la igualdad como nota predominante. Hasta el 2-2, cada jugador mantiene su saque en un admirable ejercicio de resistencia que mantiene al público en vilo. Sin embargo, el quinto juego alumbra un nuevo break (el tercero del partido), contra el servicio de Demianiuk. Un juego en el que Chiqui Cepero, con el pecho tocando la hierba, levanta un punto que se perdía, y que acaba definiendo con elegancia Gonzalo Rubio desde la red. La rotura se produce además con una bola que se cuela a cámara lenta entre Deminaniuk y Ale mientras ambos se gritan “¡dale tú!” (2-3), todo un síntoma del desajuste entre ambos.

El mazazo parece, a esas alturas, ya definitivo. Pero no lo es. Ahí emerge de nuevo la figura de Alejandro Ruiz, que se rebela contra la posibilidad de que se les escape un partido que tenían dominado al principio. Por eso, con el puño cerrado y un rugido al viento, “¡vamos!”, celebra cada paso que van dando hacia el break en un momento en el que, ahora sí, Demianiuk recupera, justo a tiempo, su juego en la red. La rotura devuelve la igualdad al marcador (3-3) y anticipa el clímax del partido, con esa polémica pelota que cambia definitivamente el encuentro.

Los efectos de una bola

Quien sirve es Alejandro Ruiz. Lo hace para el 4-3, para tomar aire en un set asfixiante, para recuperar el pulso de un juego que no acaban de gobernar. Demianiuk saca la bola por tres con un gran remate y se queda con el primer punto. Sin embargo, el passing al revés de Cepero que envía el jugador malagueño para ganar el segundo se desvía hacia el cristal lateral (15-15).

Cepero y Rubio rugen. Demianiuk anima a Ruiz. El público asiste a la batalla y contempla cómo un globo muy desviado de Ale se marcha a la otra pared lateral, junto a su rival sevillano, y les pone en la pista del break (15-30).

Demianiuk sostiene a su compañero que ve cómo Cepero es víctima de la ansiedad, y en su intento por añadirle más presión a sus rivales, se cruza sobre una bola que iba hacia Rubio y la volea directamente a la red (30-30).

Guille Demianiuk fue de menos a más en el partido.

“¡Dale Pende, vamos!”, le grita El Rayo a su pareja justo antes de que una pelota corta quede suspendida en el aire; antes de que el malagueño se lance a por ella como si fuese una bola de partido. ¡Dale si te gusta!, le anima Guille Demianiuk mientras el cuerpo de Ale se retuerce buscando el efecto liftado que haga regresar el esférico a sus dominios por la vía más alta.

Pero no ocurre así. El efecto se diluye cuando la pelota golpea el extremo superior de la pala de Alejandro. Suena el pelotazo en la unión del cristal con la hierba y surge la polémica. La bola puede ser mala. Así la cantan Cepero y Rubio. Demianiuk y Ale, en cambio, defienden lo contrario.

La discusión se apodera del terreno del pádel hasta que ‘Guti’José Luis Gutiérrez, el juez árbitro de la competición, zanja el asunto y obliga a repetir el punto.

Las consecuencias de la decisión son más importantes que el punto sobre el que discuten. La pelota, que buscaba el efecto liftado, acaba provocando otro tipo de efecto. Cepero y Rubio se hunden. Bajan la cabeza y los brazos. El juego se reanuda aunque la mente de ambos se queda discutiendo aquella bola.

Demianiuk y Ale mantienen el saque (4-3) y le hacen un break al servicio de Cepero (5-3). El definitivo 6-3 llega después de que El Rayo y Alejandro desperdicien tres bolas de set, aunque para entonces, ya no tenían rivales en la pista.

Gonzalo Rubio lamentó la oportunidad perdida en la final.

“Ha sido fallo nuestro”

Finalizado el encuentro, ya en la grada, el enfado del jugador gaditano se mantiene. Cepero insiste en que “la bola fue malísima, salió hacia adelante porque tocó el cristal primero”. Ale Ruiz y Demianiuk, mientras estiran tras el esfuerzo, sostienen lo contrario. “La vi totalmente buena; tocó el suelo y la pared”, argumenta el argentino y le secunda el malagueño.

Pero, ¿qué dice Gonzalo Rubio? “Para mí, la bola fue malísima, pero son cosas que pasan”–se lamenta el sevillano–”ha sido fallo nuestro, deberíamos haber sabido no irnos del partido; y a raíz de esa bola nos hemos ido; por eso estoy cabreado, más que por el juego”. Pura elegancia y honestidad.

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