Incluso su propio rostro, reflejado en el cristal lateral, es capaz de desafiarle a él mismo. Con su compañero fuera de sitio, Fernando Belasteguin, el imponente guerrero de Pehuajó, no alcanza una bola que su rival filtra en paralelo y, tras recorrer la pista de lado a lado, queda ahora, fuera de hábitat, frente a ese cristal en el lado derecho.

 

Es un terreno extraño que le sitúa cara a cara con su propia mirada. Eternos segundos que congelan el tiempo mientras desatan un intenso diálogo interior.

 

Dos penetrantes ojos, los suyos propios, escrutan al número uno desde el reflejo. Su propia mirada es la que le enjuicia desde su alma irreductible. Le juzga a través del vidrio. Le provoca. Le motiva.

 

Bela acaba de desperdiciar una bola de break para inclinar decisivamente la primera manga de esta final masculina del Estrella Damm Río Gallegos Open, la cuarta prueba World Padel Tour de este 2015. Su juego, atribulado, errático en el arranque, denuncia su incomodidad sobre la moqueta ante el acierto de sus contrarios, Maxi Sánchez y Sanyo Gutiérrez.

 

Los puntanos, en su primera final de la temporada, sobrepasan a Borja Yribarren y Juan Manuel Vázquez (6-3 y 6-4), no tienen problemas con Jordi Muñoz y Aday Santana (6-3 y 6-3), remontan ante Gaby Reca y Seba Nerone (4-6, 6-2 y 6-2) y se abren paso ante la gran noticia del torneo, Agustín Gómez-Silingo y Fede Quiles (6-1, 3-6 y 6-3).

 

Enfrente, Bela suma ya dos títulos WPT este año (ambos con Willy Lahoz) y busca su tercero aunque, en verdad, es como si debutara en la temporada. La lesión que obligó a retirarse a su compañero Pablo Lima en Barcelona apenas les ha permitido un puñado de entrenamientos juntos.

 

Ahora, por fin, culminan su primer torneo juntos y aspiran a coronarlo con el título tras arrollar a Jake Benzal y Raúl Díaz (6-1 y 6-1), eliminar a los locales Cristian Ozan y Maxi Cejas, imponerse con mucha autoridad a Tito Allemandi y Miguel Lamberti (6-3 y 6-2) y superar un hermoso y trepidante encuentro ante Paquito Navarro y Matías Díaz (3-6, 6-3 y 6-4).

 

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Un inicio apretado

 

Y como ocurriera en la semifinal, Bela y Lima se ven obligados de nuevo a remontar tras un primer set muy equilibrado en el que se imponen los saques mientras se toma el pulso, se esbozan las tácticas mientras se buscan sensaciones.

 

La ruta, desde el principio, está clara. Belasteguin y el brasileño agitan a Maxi Sánchez, le zarandean arriba y abajo conscientes de que su físico, aún imponente, tiene límites; temerosos, sin embargo, de que no lo tenga el infinito talento de su compañero.

 

Pero el despliegue del de Wilson es portentoso. A su lado, la magia de Sanyo encuentra siempre atajos para apoderarse del ritmo y desenredar el ovillo del juego. No les cuesta a ambos conquistar la red. Ni siquiera al resto. Sus oponentes, sin embargo, tampoco se atormentan.

 

Lima y el número uno de Head, desde las trincheras, resisten con solvencia. Dos maestros en el arte de sobrevivir en las catacumbas.

 

El duelo, apretado e intenso, no ofrece sobresaltos en el marcador. Bela muestra un despliegue algo irregular en el inicio y sus oponentes, fiables desde el servicio, tampoco inquietan demasiado al resto.

 

Hasta el noveno juego con saque de Gutiérrez. Es el de Pehuajó quien maneja desde el fondo. El paralelo de Sanyo, ajustado, se le marcha al lateral y concede la primera bola de break. La brecha, sin embargo, no llega a producirse.

 

Un intenso y preciso dictado desde la cinta de Sánchez y Gutiérrez provoca el error de Belasteguin. Su esfuerzo estéril en la última bola del juego da pie a esa fugaz escena, ese cara a cara consigo mismo en el cristal lateral derecho (5-4).

 

Poco después, con 30-0, saca Lima para buscar el tie break en el duodécimo ya. Maxi y Sanyo, que apenas habían logrado dos puntos en los últimos cuatro juegos al resto (dos de ellos los cedieron en blanco), dan la campanada.

 

El golpe es tan repentino como certero. Emerge la prodigiosa mano de Sanyo para apretar el juego. Vibra la grada en torno a la central del Boxing Club con un intercambio largo, intenso y precioso.

 

Con el eco de la ovación del público, Bela busca resolver por la vía rápida. Se equivoca en ambas. Una escena clonada para el primer susto de la final. Dos remates del argentino que sus rivales ganan en la red. Señala Maxi a su compañero para ensalzar su maliciosa inteligencia, su provocadora astucia, que ha acabado por enredar a su contrario.

 

Finalmente, es el de San Luis el que certifica con su remate un break que vale un set (7-5).

 

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Sanyo y Maxi, en el partido de semifinales. Foto: WPT.

 

Una reacción inmediata

 

De inmediato, sin vacilación, Lima y Bela comandan el asalto. No hay tregua. Esa mirada interior en el cristal de la pista, ese encuentro consigo mismo le recuerda el camino.

 

El de Pehuajó subraya el juego cruzado que exige a Maxi a cualquier altura y a cualquier distancia de la red. Un desgaste que deja sin filo el juego de los puntanos.

 

Por ahí se cuelan Bela y Lima. El brasileño, hasta el momento tan aguerrido como impreciso, secunda la ofensiva de su compañero. Cinco bolas de break se procuran al saque de Sanyo. ¡Fuerza Dani! le dice Maxi. Pero es él quien se equivoca para conceder la quinta. Aprieta mucho una volea pero no pasa la red.

 

Con el juego sobre el alambre, el de Wilson descuelga el enésimo globo que le mide por alto, pero esta vez Bela ya no espera al fondo. Su aparición en la cinta le permite descubrir un páramo en el paralelo para concretar el break (0-1).

 

El grito de Lima, tras la rotura, es mucho más que una celebración. Toda una advertencia. Las inflamadas miradas del brasileño y del argentino se encuentran tras cada punto. Sus ojos, incisivos, desafiantes, llenos de ardor, se retroalimentan e inflaman sus espíritus.

 

Con Maxi acorralado y Sanyo aislado, el juego lleva la firma de la pareja que lidera el ranking World Padel Tour que, aún así, queda siempre expuesta a los fogonazos de talento de sus contrarios.

 

En el sexto, el embrujo de Sanyo le permite darle la vuelta al saque de Bela con dos acciones sublimes. La última, una grandísima bandeja cruzada que contorsiona a su rival, junto a la malla, a la altura de sus tobillos.

 

Pero Lima, espléndido, aprieta la volea y provoca un error de Sanyo que acaba disolviendo sus aspiraciones de break (2-4).

 

Acto seguido, Pablo y Bela cierran el set. Lo hacen con otra rotura esta vez al saque de Maxi. Se empecina el de Villa Mercedes con el remate. Dos acciones fallidas que resuelve por cuatro metros Belasteguin en la red. Finalmente, Sanyo estampa en el cristal de fondo una bajada de pared que entrega el saque de su compañero (2-5).

 

Ese error del mago de Head no sólo rubrica un break en contra, no sólo entrega el set a sus rivales; constituye además el síntoma de la irremediable oscuridad que va apoderándose de este genial jugador ante el avance de sus rivales que con el servicio abrochan el segundo acto (2-6).

 

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Belasteguin y Lima, en ebullición

 

Las sensaciones ya son otras. Sobre la moqueta verde, dos parejas desprenden señales bien distintas. Unos aprietan, rugen, celebran. Otros fallan, se lamentan, deambulan entre tinieblas. Los trazos de genialidad de Sanyo les sostienen en el encuentro con alguna opción. Como en el cuarto, cuando el de San Luis aparece en la red para definir con maestría y tener una bola de break al saque de Lima.

 

Lo evita la monumental defensa de los números uno, su trabajo preciso e intenso desde el fondo, su capacidad para resistir con las rodillas a ras de suelo y manejar el juego con los riñones quebrados. Sanyo se muerde la camiseta. Un nuevo error le atormenta, la ocasión perdida le desespera (1-3), consciente de que no tendrán muchas más.

 

Y en verdad ya no las tienen. Incluso aunque él y Maxi consiguen salvar una ocasión de rotura en contra en el quinto (2-3). Apenas le da para sostener un rato más. Hasta que en el séptimo, Bela y Lima, inalcanzables con el saque, pulverizan el servicio de Maxi. El de Pehuajó se mide en la red, cara a cara, con Sanyo y le derrota en un frenético duelo de voleas (2-5). Ahí abrochan un encuentro que culminan en blanco con saque propio (5-7, 6-2 y 6-2).

 

Con el triunfo en la mano, surge radiante la sonrisa en el rostro de Pablo Lima, tras el calvario de lesiones que le persigue desde finales del pasado año. Ahora, Río Gallegos le ha coronado por fin junto a su nuevo compañero.

 

Para Bela, en cambio, es su tercer título del año, un nuevo triunfo personal que confirma su contagiosa capacidad para competir, su arrebatadora rebeldía ante la derrota, su habilidad para emerger cuando las cosas están difíciles. En definitiva, todo aquello que le mostró su reflejo en ese efímero instante cara a cara con su incontenible yo interior.

 

 

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