Hay un universo en el que Ariana Sánchez y Andrea Ustero están hoy sentadas en el diván, rumiando cada uno de los diez match ball desperdiciados en la final del pasado P1 de Riad.
En esa línea temporal, el equipo de la nueva dupla catalana se afana por rescatarlas de las tinieblas de la cruel derrota sufrida mostrándoles los destellos de luz de todo lo bueno que hicieron durante su primer torneo juntas en Premier Padel. Resulta difícil.
En este incipiente proyecto, con una ex número uno que apuesta y arriesga para recuperar el trono perdido y un precoz talento que aún no ha sometido su descaro a la exigencia de las grandes depredadoras, una derrota como esta puede remover los cimientos de la confianza. Provocar dudas. Invocar fantasmas. Aun tan temprano.
Claro que no ocurrió así. Al menos, el acontecimiento que presenciamos desde este lado del espejo fue la victoria trepidante de la reusense y de la barcelonesa quienes, tras remontarle un set en contra a la mejor pareja de 2025, certificaron el triunfo en la décima ocasión de que dispusieron (3-6, 6-1 y 6-4).
Tuvieron nervios, sintieron presión, cometieron algunos errores pero también exhibieron valentía y demostraron la ambición necesaria para imponerse tras nueve pelotas de partido no convertidas.
Por eso hoy, en este espacio-tiempo que nos ocupa, el relato las encumbra como una feliz sorpresa, una irrupción inesperada que exhibe credenciales para repetir gesta durante la temporada.
Valoramos el aplomo de número uno mostrado por Ariana Sánchez, su liderazgo, su renovada actitud tras el notorio desgaste del final de curso pasado. Apreciamos su inteligencia para sostener la jugada, su valentía, su determinación en la pista.
Elogiamos, sin duda, el descaro de Andrea Ustero. Su zurda hipnótica, que juega con los ángulos mientras burla a sus rivales, que acelera sin mirar hacia abajo, que percute buscando las alturas. Le anticipamos el futuro en el presente y le hacemos hueco en el olimpo de las elegidas sin haber conquistado sitio todavía. Todos lo sabíamos.
En el otro plano, sin embargo, la lupa amplifica lo que en este ocultamos tras el triunfal diagnóstico. Allí ponderan la remontada de las números uno y ensucian las innegables virtudes de las subcampeonas. Así, en esa doblez alternativa de la existencia explican la derrota de Ustero y Sánchez desde la bisoñez de la primera y el retraimiento de la segunda.
El veredicto va más allá. Señala la falta de preparación de la barcelonesa, la inmadurez de su toma de decisiones; y lo combina con una supuesta falta de carácter de Ari, a la que imputan un notable déficit de liderazgo que les llevó a extraviar la ruta a un paso de la meta.
Hay, incluso, quienes celebran su profecía autocumplida. Se elevan los vaticinios que prejuiciaron a la pareja sin que la pelota hubiera botado. También, lo sabíamos todos.
En definitiva, aquello que en este espacio brilla, del otro lado queda oscuro. Y viceversa.
Dos realidades conectadas que giran en torno a un punto, una jugada, una pelota. Centímetros miserables que encumbran o frustran, que validan o niegan. Triunfo y derrota. Miopía resultadista que pretende definir todo el iceberg a través de la diminuta cumbre.
Cuando lo sustantivo de la actuación de Ari y Andrea ocurrió hasta el primer match ball. No solo fue la remontada en la final; también, la trayectoria en sí en el torneo. Antes, incluso, la pretemporada; y todavía más temprano, la elección de la joven Ustero como reemplazo de Paula Josemaría, la integración en el equipo de trabajo, la confianza en lo que se intuía. Ese salto sin red de una reina a una aprendiz para emprender la reconquista.
Todo ello son cimientos a los que el destello de la victoria o la derrota parece alumbrar o dar sombra. Y sin embargo están ahí. En ambos lados, en ambas historias.
En aquella capa de la existencia, Ari y Ustero deben ahora digerir la derrota como aprendizaje y enfocarse en el trabajo. En este, deben poner el foco en el tajo para gestionar las expectativas.
Dos realidades parecidas vistas desde perspectivas diferentes.
«Aquel que dijo «más vale tener suerte que talento», conocía la esencia de la vida. En un partido hay momentos en que la pelota golpea el borde de la red, y durante una fracción de segundo, puede seguir hacia adelante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte sigue adelante y ganas. O no lo hace, y pierdes…». Match Point (Woody Allen, 2005).
