Hay una escena que se repite en los clubes de pádel de toda España. Alguien lleva meses jugando tres veces por semana, mejora su técnica, sube de categoría en el torneo interno… y de repente aparece una molestia en el codo que no se va. O un tirón en el gemelo que ya es la tercera vez. O simplemente siente que ha llegado a un techo y no sabe cómo romperlo. Lo que esa persona tiene delante no es un problema de técnica. Es un problema de preparación física. Algo que saben bien en centros como el de entrenador personal Prosperidad de JG Fitness, donde cada vez más jugadores llegan buscando exactamente quebrar este límite.
El pádel en España lleva años creciendo a un ritmo que ya no sorprende a nadie pero sigue siendo llamativo cuando se ven los números. En 2024, la Federación Española de Pádel registró 109.040 licencias federativas, un 8% más que el año anterior. Y eso son solo los federados: los practicantes no federados elevan la cifra total de jugadores en España a varios millones. El pádel se ha convertido, de hecho, en el segundo deporte más practicado del país, solo por detrás del fútbol.
Todo ese crecimiento tiene una cara menos visible: el aumento paralelo de las lesiones. Según estudios epidemiológicos sobre la práctica del pádel, como el de SciELO, las lesiones se distribuyen de forma casi equitativa entre extremidades inferiores y superiores, representando cada grupo aproximadamente el 40% del total, con las lesiones de tronco ocupando el 20% restante.
El dato más revelador, sin embargo, es la lesión concreta que encabeza el ranking: la epicondilitis representa el 20,5% de todas las lesiones registradas en padelistas ResearchGate, siendo la patología más frecuente. Le siguen la fascitis plantar, las contracturas cervicales y los esguinces de tobillo.
Lo curioso —y lo importante— es que buena parte de estas lesiones no llegan por mala suerte. La gravedad y aparición de las lesiones está influenciada por factores como la técnica de juego, el nivel de condición física y el volumen semanal de juego. En otras palabras: muchas de ellas son prevenibles. Y ahí es exactamente donde entra el entrenamiento personal.

El salto que los jugadores de pádel están dando
Hasta hace pocos años, ir al gimnasio con un entrenador personal era algo reservado a deportistas de élite o a personas con objetivos muy concretos de pérdida de peso o rehabilitación. Esa percepción ha cambiado bastante.
Cada vez más jugadores de pádel amateur y semiprofesional están incorporando el trabajo con un preparador físico como parte habitual de su semana deportiva, no como un extra, sino como la base sobre la que construir todo lo demás.
La lógica es sencilla: el pádel exige explosividad en los desplazamientos laterales, estabilidad de core para los golpes desde el fondo, movilidad de hombro para la bandeja y el smash, y resistencia para mantener el nivel en sets largos. Un jugador que no trabaja específicamente esas cualidades fuera de la pista está, en el mejor caso, dejando rendimiento sobre la mesa. En el peor, acumulando desequilibrios musculares que tarde o temprano se convierten en lesión.
Es por eso que centros especializados en entrenamiento personal, como JG Fitness en Prosperidad (Madrid), están viendo cómo crece la demanda de deportistas de raqueta que buscan un trabajo individualizado.
No llegan para perder peso ni para ganar músculo de forma genérica: llegan con un objetivo deportivo concreto y quieren que alguien les diseñe un plan pensado para ese objetivo.
Qué aporta un entrenador personal a un jugador de pádel
La diferencia entre entrenar solo en un gimnasio y hacerlo con un profesional al lado no está solo en la motivación, aunque eso también importa. Está en el diagnóstico inicial. Un buen entrenador personal identifica qué cadenas musculares están débiles, qué movimientos están compensados, qué zonas tienen riesgo de lesión antes de que esta aparezca. Ese trabajo preventivo es, probablemente, el más valioso de todos.
A partir de ahí, el programa que se diseña no es genérico. Para un jugador o jugadora, puede incluir trabajo de fuerza excéntrica en isquiotibiales para reducir el riesgo de rotura de gemelo, ejercicios de estabilización escapular para proteger el hombro en los golpes overhead, entrenamiento propioceptivo de tobillo para prevenir esguinces, o trabajo de movilidad torácica para mejorar la rotación en el golpe de revés. Nada de esto aparece en las rutinas estándar de sala de fitness.
Y está también la recuperación. El amateur que juega varios días a la semana acumula carga sin ser consciente de ello. Un entrenador personal gestiona esa carga, sabe cuándo apretar y cuándo soltar, e integra el trabajo de recuperación activa como parte del programa, no como algo opcional.
Un cambio de mentalidad en curso
Lo que está ocurriendo en el mundo del pádel es, en el fondo, lo mismo que ocurrió antes en el ciclismo amateur o en el running. Hay un momento en que el jugador deja de pensar solo en «jugar más» y empieza a pensar en «estar mejor preparado para jugar». Ese salto mental es el que abre la puerta al trabajo con un profesional del entrenamiento.
La Federación Española de Pádel ya ha superado en 2025 las cifras de 2024, con más de 111.000 licencias federativas activas. El deporte no para de crecer. Y con él, crece también la exigencia de quienes lo practican y las herramientas que tienen a su disposición para hacerlo mejor y con más garantías.
El entrenamiento personal ya no es el complemento raro que tiene el jugador más serio del club. Se está convirtiendo, poco a poco, en la norma entre quienes entienden el pádel como algo más que un rato de ocio entre semana.
