Lima lanza su puño al aire y ruge, Mieres alza el cuello de su camiseta y señala a una zona de la grada. La pareja número dos del circuito acaba de vencer a la número tres, Matías Díaz y Hernán Bebe Auguste al que el público, en pie, regala una sonora ovación en su despedida de la pista central de Reserva del Higuerón mientras él devuelve el cariño con las bolas del encuentro.

Es la estampa de cuatro titantes del pádel que acaban de ofrecer un partido tremendo, épico, colosal. La primera semifinal de los IX Internacionales de Pádel Ciudad de Fuengirola es un espectáculo lleno de generosidad, sacrificio y clase que acaba con la grada entregada.

Durante casi dos horas y media, ambas parejas barren la pista de lado a lado, de atrás adelante, buscando un triunfo que les abra la puerta de la final de esta prestigiosa prueba. Auguste y Díaz persiguen su primera final del año y la oportunidad de revalidar la victoria lograda en 2011 en este mismo escenario. Lima y Mieres, en cambio, van tras su tercera final consecutiva, la quinta de la temporada (en siete pruebas PPT disputadas), y la ocasión de repetir triunfo tras el logrado hace una semana en Marbella.

Por eso, desde el primer punto, ambas duplas se muestran poderosas con su servicio, dominantes y soberbias con el saque, conscientes de que ese es el primer peldaño hacia la gloria. Lima firma su primer servicio en blanco (1-0) y Bebe devuelve la afrenta de la misma manera (1-1).

Hernán ‘Bebe’ Auguste, en la semifinal de Fuengirola.

Auguste y Díaz disponen de una única ocasión de break en el tercer juego al saque de Mieres, que desperdician con un globo de Bebe que se va al cristal (2-1). Es un espejismo. Ninguna de las dos parejas otorga concesiones con el servicio. Sometidos por los rivales en la red, restar se convierte en una tortura; intentar disputar el saque del oponente es una quimera. De los 12 juegos que dan forma al primer set, la mitad los firman en blanco con el saque, y en otros tres, apenas conceden un punto al resto.

O lo que es lo mismo, sólo en tres los 12 juegos disputados en la primera manga, los restadores inquietan algo el servicio del adversario. Lo explica la abrumadora consistencia de ambos dúos en la red, su tremenda agresividad cuando dominan el punto, su determinación para mantener la iniciativa. También la incapacidad de las dos parejas al resto para dar un paso adelante, para mantener firme el pulso en medio del acoso rival, para encontrar rendijas por las que minar la fortaleza del oponente.

Lo intentan Mieres y Lima empujando a Matías hacia el cristal de fondo, pero resulta imposible. The Warrior hace honor a su apodo. Disputa un partido sublime. Defiende con el alma cada punto, recorre kilómetros en la pista de lado a lado, choca y rebota contra los cristales para llegar a bolas imposibles. Sus adversarios no pueden doblegar a este pequeño gladiador que complementa el trabajo de Bebe en la red, un gigante de brazos kilométricos, un titán de reflejos prodigiosos, un goliat de gran inteligencia táctica. Auguste es una amenaza sobre la cinta, por su envergadura (1’85 m.), por esa volea con la empuñadura cerrada que le permite pegar a un palmo de la cinta, por su habilidad para leer el juego.

Pero todo eso se viene abajo en el duodécimo juego de la primera manga. ¡Vamos!, grita Lima después de sacar la pelota por cuatro metros con un remate. Es un grito de motivación, pero también de liberación, de rebeldía contra la dictadura del servicio. Comienzan mandando en el saque de Matías Díaz y lo quieren aprovechar. Encuentran la ayuda de la cinta cuando lo necesitan, malogran una ocasión de break que salva Bebe con su volea; y finalmente, Mieres aparece en el momento justo para asestar la puñalada. Primero, con un arrebato de valentía que le lleva del resto a la red para ganar él solo el punto. Después, finalizando con un remate el tanto trabajado sobre Matías Díaz que finalmente cede y deja un globo corto.

Han sido 43 minutos de vértigo para acabar un set, que, sin embargo, no decanta el encuentro.

Bebe y Matías sorprenden de inicio

Matías Díaz jugó un partido soberbio en la semifinal del Higuerón.

Lima y Mieres se apresuran en volver a la pista. Son los primeros. Quieren aprovechar la inercia ganadora del break. El plan, sin embargo, se les tuerce pronto. Auguste y Díaz regresan al juego enrabietados, se meten en la red, presionan a sus rivales, se aprovechan de sus fallos y defienden con la vida. La exhibición de Matías en defensa les vale la rotura. El guerrero lo devuelve todo por imposible que parezca, obliga a sus adversarios a ajustar más el tiro, les invita a cometer errores. Así, en una volea de Lima que se pierde por evitar la rapidez de piernas de Díaz llega el break (0-1). El botín es de oro visto el desarrollo del partido.

Mieres y Lima disponen de una ocasión de nivelar el resultado en el cuarto juego, pero un error del argentino al dejar un globo corto lo aprovecha Mati con un remate potente (1-3). Los juegos se suceden. La pelea es descomunal. La intensidad del juego contagia a la grada que vibra con cada punto. Y en medio de tal fragor, Juani Mieres, un jugador honesto y elegante, respetuoso con el rival, es capaz de detener una pelota para el 30-30 (3-4 con saque de Matías) al comprobar que a Bebe Auguste se le quedó un pie atrapado en la tarima que prolonga la pista en el exterior cuando buscaba un remate suyo. El público recompensa su gesto con una sincera ovación. No lo hace, sin embargo, el juego que continúa hasta que agotar el segundo set con un 4-6 que conduce al tercero.

Lima y Mieres se conjuran

La última y definitiva manga alumbra un escenario épico. Mieres y Lima salen decididos, firmes, valientes. ¡Vamos!, grita el argentino con los puños cerrados en la primera bola de ese primer juego que se anota en blanco con saque de su compañero. Un advertencia a sus rivales que tampoco ceden terreno. Todo lo contrario.

Juani Mieres logró, junto a su compañero, Pablo Lima, clasificarse para su tercera final PPT consecutiva.

Auguste y Díaz gozan de una oportunidad magnífica de romper el servicio de Juani Mieres en el séptimo juego, cuando el argentino, muy forzado, remata cayéndose hacia atrás y envía la bola al cristal de fondo. ¡Vamos Juani!, se oye entre el público. ¡Vamos Bebe!, replican con rapidez. El duelo traspasa los límites de la cancha. Bebe se viene arriba, sabe que es el momento, y logra un break que parece determinante para el desenlace (3-4).

Lima, solo en la pista durante el breve descanso, mira a la red. En los sets anteriores bastó una única rotura para decantarlos a uno y otro lado. El brasileño es consciente de que se les escapa el partido. Por eso, en la primera pelota en juego al servicio de Auguste, se lanza hacia arriba desde el resto y gana el punto en un formidable arrebato de rabia y valentía. Un error del propio Hernán con la volea y una indecisión del veterano jugador y su compañero conceden dos pelotas de rotura. Pero la casta y la calidad de Auguste y Díaz salvan la complicada situación. Matías entrega su alma recuperando pelotas ganadoras de sus adversarios y Bebe, a lo grande, resuelve el juego sacando por la puerta un remate de sus rivales (3-5). ¡Bebe, Bebe!, atrona en la central de Reserva del Higuerón.

Tras el saque de Lima que se anota (4-5), es Matías Díaz quien sirve para ganar el partido. Pero al otro lado de la pista, el brasileño no está dispuesto a entregar el encuentro. Después de sacar la bola por tres metros con un remate prodigioso, Pablo Lima da su vida para salvar una pelota y disponer de dos ocasiones de break. Es su momento. El jugador de Porto Alegre acribilla a Mati hasta que, de forma agónica, vence su resistencia e iguala la contienda (5-5). Ruge Lima hacia la grada, desafiante, para recordar quién es la pareja número dos del circuito PPT, la única hasta ahora capaz de intentar disputarle el trono a Martín Díaz y Belasteguin.

Al tie break llegan ambas duplas tras dos servicios en blanco, defendiendo su terreno, dispuestas a no dar un paso atrás. Pero un mini break al saque de Matías les hace mucho daño a él y a Bebe. Aflora el castigo físico del partido, el desgaste de la batalla táctica, el sufrimiento de un duelo épico. Esa pelota lenta de Mieres que cruza la pista y cae tras el revés de Auguste acaba por hundir a la dupla número tres. No vuelven a ganar un solo punto en la muerte súbita. La victoria es para sus rivales.

Bebe no se va

Ya en cuartos de final, el público en pie ovacionó a ‘Bebe’ Auguste tras el partido.

Han sido casi dos horas y media de partido que podrían resumir los 22 años de trayectoria profesional de un jugador grande, una leyenda de este joven deporte. Sacrificio, sufrimiento, alegría, depcepción, clase, elegancia, respeto, honestidad, profesionalidad, espectáculo. Hernán Bebe Auguste se despide del público del Higuerón que, puesto en pie, ovaciona al argentino. No es que Bebe deje el pádel. Al revés. Como acaba de hacer en Fuengirola y hace una semana en Marbella, es él quien va dejando una porción de su legado en cada rincón del circuito, en el corazón de la afición.

Con los focos puestos ya en las otras dos parejas semifinalistas que esperan a pie de pista y el público preparado para ver otro espectáculo, Hernán Auguste Evangelista pelotea con su hijo sobre la cancha de Fuengirola en la que acaba de perder por última vez. Luego firma autógrados. Sonríe. Porque El Bebe no se va.

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