La última maniobra escapista del presidente del Federación Española de Pádel (FEP), Ramón Morcillo, apunta a nuevo fiasco.
El nombramiento del actual vicepresidente no tiene respaldo legal. Dicho de otra forma, Alfonso Mur, el elegido por Morcillo, no cumple los requisitos para ocupar ese cargo.
Así se desveló en la Asamblea del pasado 16 de diciembre a través de un requerimiento que pilló por sorpresa al propio presidente y a su flamante fichaje, protagonista involuntario de este nuevo sainete.
El escrito lo presentó la asambleísta Bitxori Barcina, exvicepresidenta de la institución durante un año hasta que Morcillo decretó su cese tras el tremendo varapalo que sufrió en la asamblea del 21 de octubre en la que las cuentas de su gestión correspondientes a 2021 y 2022 fueron rechazadas.
Ahora, Barcina ha advertido al presidente de su actuación irregular al designar como vicepresidente a una persona que no cumple con una exigencia indispensable: ser miembro de la Asamblea.
Incumplimiento legal manifiesto
En efecto, Alfonso Mur no es asambleísta de la Federación Española de Pádel. Y, en virtud del artículo 18.3 del Real Decreto 1835/1991, de 20 de diciembre, sobre Federaciones deportivas españolas, en el que se basa la reclamación formulada por Barcina, “el vicepresidente deberá ser miembro de la Asamblea General”.
En su demanda, la exdirectiva de la FEP, actual presidenta de la Federación de Pádel de Castilla y León, se refiere al nombramiento de Mur como una “elección arbitraria y pasando por alto la disposición legal aludida”.
Barcina, además, subraya que en los Estatutos de la propia Federación Española de Pádel no hay referencia alguna a la figura del vicepresidente, y recoge que “en supuestos de ausencia, enfermedad o cualquier otra causa que impida transitoriamente desempeñar sus funciones, el Presidente del órgano que se trate será sustituido por el miembro de mayor antigüedad, o por el de más edad”.
Por ello, Barcina formula su declaración como un requerimiento en el que solicita al presidente Morcillo el cese de Mur como vicepresidente.

Las prisas hacen desbarrar a Morcillo
Esta nueva opereta vuelve a poner en evidencia la situación en que se encuentra la Federación Española de Pádel por la gestión de su presidente Ramón Morcillo. El dirigente, apremiado por una nueva crisis, ha terminado desbarrando, a tenor de lo revelado por Barcina.
Hace tres meses, Morcillo sufrió un estruendoso revolcón en la Asamblea General que tuvo lugar en Madrid.
Hacía más de un año, 409 días en concreto, que el mandatario no convocaba este foro, el máximo órgano de representación y participación de la FEP. La última vez que lo hizo, el 9 de julio de 2021, Morcillo había anunciado, entre lágrimas, su dimisión en diferido por el escándalo que protagonizó al ocultar, primero, y hacer pasar por bueno, después, un documento manipulado sobre las contraprestaciones que recibiría la Federación Catalana de Pádel a cambio de condonar una deuda a la FEP.
El dirigente prometió dimitir a principios de septiembre de ese año. No solo no cumplió lo prometido si no que, además, fulminó a su Junta Directiva, nombró nuevos acompañantes (la mayoría de ellos, con remuneración de la FEP) y el 7 de septiembre, por carta, comunicó a los asambleístas que daba marcha atrás y se quedaba en el cargo.
Parapetado en el cargo, desde entonces, no había vuelto a convocar reunión de la Asamblea General, por lo que este año tenía las cuentas de 2021 y 2022 sin aprobar. Tampoco había presentado presupuesto para 2023.
El pasado 23 de octubre, al fin, compareció ante los asambleístas y lo que recibió fue un sonoro portazo a su labor. Las cuentas de su gestión de los años 2021 y 2022 fueron rechazadas de forma abrumadora (solo obtuvo tres votos a favor). Sacó adelante por un solo apoyo su remuneración de presidente (36.000 euros brutos anuales) y salvó, por los pelos, el presupuesto de la temporada (con más abstenciones que votos a favor) bajo amenaza de que, en caso de rechazo, las selecciones de Menores no podrían competir en el Mundial de Paraguay.

El varapalo fue de enorme magnitud, un hecho insólito en la historia reciente de la institución; pero el presidente Morcillo, empeñado en apurar sus días al frente de la FEP, quiso esquivar su responsabilidad de nuevo con un nuevo hachazo al estilo del que dio en la crisis de 2021.
No habían pasado ni 24 horas desde el mazazo asambleísta cuando Morcillo comunicó la destitución de su vicepresidenta, Bitxori Barcina, y anunció el nombramiento de su sustituto, Alfonso Mur. El directivo, aterrizado en la FEP en un pack de tres fichajes, pasó en apenas 55 días de ser un recién llegado a vicepresidente por designio presidencial.

La cortina de humo no quedó ahí. Mur, ya como vicepresidente, estrenó su cargo con una carta enviada a los asambleístas en la que se presentaba casi tres meses después de su llegada a la FEP.
Solo cinco días después de la cornada a la gestión de Morcillo, su flamante nuevo vicepresidente explicó que, en las escasas semanas como directivo de la institución, “he tenido la oportunidad de conocer cómo está organizado hoy en día el pádel en nuestro país y en el entorno internacional”. Y, junto a tal afirmación, anunció, por sorpresa, “el desarrollo de un plan estratégico para la Federación Española de Pádel”.
En la misma semana en la que la Asamblea General repudió los números de dos años completos de gestión de Morcillo, y a escasos meses de una convocatoria electoral, el vicepresidente Mur, y no Morcillo, informó de la elaboración de una nueva hoja de ruta que partía de la siguiente visión: “A través de una gestión federativa íntegra, intachable y transparente, ser la federación modelo de excelencia y referencia en el ámbito internacional en resultados deportivos en todas las categorías de participación, líder en organización de competiciones y eventos de difusión, por su número y calidad de estos y ejemplo en la integración y el impacto en la sociedad”.
El Plan Estratégico de Mur podrá continuar su curso. Lo que está en duda es que pueda liderarlo como vicepresidente.

