La reacción de Paquito Navarro fue desproporcionada. Fuera de lugar. No hay otra forma de verlo.

Ni el hecho de que cometiera o no falta de saque, ni los nervios por ser el debut en la competición, ni los posibles precedentes con ese juez árbitro. Nada justifica la airada respuesta del jugador que puso en riesgo su participación y la de su compañero en el Master Final con tan sólo tres juegos disputados.

Resultó sorprendente por el momento en que se produjo la polémica y por quien la protagonizó.

El sevillano llegó al Master Final 2019 tras una ronda de entrevistas en distintos medios de comunicación en las que había estado cuidando mucho su imagen: exhibió su condición de número uno sin olvidar a su compañero, concediéndole visibilidad y méritos pese a la distancia que, a estas alturas, les separa a ambos (no van a continuar juntos en 2020). Pero Paquito usó su mejor sonrisa y, una vez más, prestó atención a esos detalles.

Le bastaron tres juegos del debut en el Master Final para enterrarlo todo con una absurda polémica.

Polémica arbitral en el Master Final

Los hechos son sencillos de explicar.

En los primeros tres juegos, el juez árbitro del partido, Honorio García, señaló tres faltas de saque a los números uno. Una a Juan Lebrón en el juego inaugural. Dos casi seguidas a Paquito Navarro en el tercer juego.

El sevillano se mostró claramente en desacuerdo con ambas decisiones y, a la segunda, paró el partido unos instantes y le protestó al trencilla. Paquito, ante la negativa de su interlocutor, solicitó la revisión de video para demostrar que no había sido ejecutado de forma irregular el servicio. El árbitro la denegó.

El percance se saldó con una amonestación a Paquito (en realidad, una pre-advertencia a la pareja) y el juego continuó. Pero el andaluz no aparcó el asunto. Quiso cobrarse la última y, de camino al banco, le dirigió un aplauso al juez árbitro. Aquello le valió una advertencia.

El sevillano, entonces, explotó. “Me cago en la puta que me parió”, repitió en dos ocasiones mientras su coach, Marcelo Fernández, era incapaz de calmarle. Honorio anunció la segunda advertencia que dejaba a la pareja andaluza a un paso de la eliminación.

Incontenible, Paquito se puso en pie, cogió su paletero e hizo un amago de marcharse. “Me voy, ¿es lo que quieres?”, le preguntó el jugador al de la silla.

El juez árbitro negaba con la cabeza y le miraba fijamente. Mantuvieron un breve diálogo en el que Honorio le indicó al jugador que se limitara a jugar. Lebrón quiso llevarse a Paquito pero éste se giró y le lanzó una advertencia al árbitro: “No me vas a pitar más en el Master porque no juego”.

Sus rivales, Javi y Uri acudieron desde su banco para calmar al jugador. El árbitro, sin embargo, no les dejó hacerlo. Les ordenó que regresaran a su lugar.

Ahí acabó todo.

Desde el tercer juego, Paquito y Lebrón se manejaron al borde de la descalificación. Sin embargo, lograron acabar el partido. Y lo ganaron.

Puedes ver el incidente a partir del 2º20’49”
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El pulso entre Paquito y el juez árbitro

Más allá de la infracción en el saque que pudiera haber cometido Paquito, la cuestión estuvo en el ámbito disciplinario. Ahí, Honorio García, el juez de silla, quiso marcar territorio hasta que ya no pudo hacerlo.

El pulso entre éste y el jugador fue tan tenso que, por momentos, sólo pareció tener un desenlace: la eliminación de la pareja número 1. Cada amonestación que recibía Paquito provocaba el efecto contrario que perseguía. Lejos de intimidarle, le enfurecían aún más.

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Captura retransmisión WPT.

Hubo un instante en el que la escena se pareció a un duelo entre pistoleros en el Viejo Oeste. Con Paquito al borde de la derrota por indisciplina, Honorio, el más rápido del lugar, le miraba fijamente a la espera de darle el tiro de gracia. No permitió, siquiera, que intervinieran sus rivales. Aquello era entre él y el jugador. Venía de lejos.

Paquito, desenfrenado, se la jugó. Desenfundó y le lanzó aquella advertencia: “No me vas a pitar más en el Master porque no juego”. Aquel era el momento decisivo pero Honorio, entonces, decidió apartar el dedo del gatillo y le consintió el aviso al jugador. De pronto, era el propio juez árbitro quien estaba apercibido.

Desde el tercer juego, Paquito y Lebrón jugaron sobre el alambre. El incidente había calentado los ánimos y ellos estaban a un paso de la derrota por cuestiones del código de conducta. Una temeridad en una pareja tan volcánica. Pero no ocurrió nada más. Y eso que, por momentos, ambos parecieron desafiar al árbitro con algunas acciones que, en otro momento, podrían haberles costado una advertencia.

Pero Paquito y Lebrón sabían que no se produciría. Si Paquito no había recibido la amonestación definitiva en su cara a cara con Honorio, ya no tendría lugar. Sólo una acción de especial gravedad podría apartarles del partido.

A partir de aquel instante, no hubo más faltas de saque (y si las hubo, Honorio prefirió hacer la vista gorda) ni más avisos. El juez árbitro decidió hacerse invisible durante el resto del encuentro. No lo hizo tanto por el jugador como por el partido en sí, por el espectáculo. Honorio había explorado el reglamento hasta que encontró el límite: el negocio. El colectivo arbitral de World Padel Tour no es un cuerpo ajeno sino un grupo de asalariados que cumple una función. Una más.

Algo parecido le ocurrió en el pasado Master de Valladolid. El mismo juez árbitro dejó al borde de la descalificaciòn a las dos parejas que se estaban disputando la final masculina. También, entonces, Paquito y Lebrón era una de ellas.

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Como entonces, Honorio decidió plegar velas. Según el criterio que había marcado al principio del encuentro, tuvo motivos de sobra para haberles dado la victoria a Javi y Uri pero rehusó hacerlo. Las consecuencias de una decisión así excedían su gusto por los focos.

Sólo se permitió una última aparición. En el match ball a favor de los andaluces, cantó fuera un saque del propio Lebrón. El jugador le protestó de manera ostensible. El servicio había sido bueno y Honorio lo reconoció al corregir enseguida su decisión. Al borde del triunfo como estaban, aquello no era un error de apreciación sino un recordatorio claro del juez árbitro a los andaluces: les había perdonado la vida en aquel partido. Conseguida la victoria, Lebrón se dirigió hacia la silla del propio Honorio, subió los escalones y le regaló un beso en la mejilla.

El sábado, en semifinales, veremos si Honorio y Paquito vuelven a verse las caras o la organización decide recurrir a otro juez árbitro para el partido que medirá a los andaluces contra Bela y Tapia.

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Captura retransmisión WPT.
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