Fue una llamada, una simple llamada. Pero cambió la historia del padel. A finales del mes de octubre de 2001, Fernando Belasteguin descolgó el teléfono para oír la voz de Marcelo Cascabelo, entonces en la marca Visión (hoy responsable de Drop Shot). La propuesta era clara: ¿te puede llamar Juan para proponerte jugar juntos la próxima temporada?

 

Bela lo tenía apalabrado para jugar un año más con el español Pablo Semprún. Juan Martín Díaz iba a seguir con Bebe Auguste. Las dudas del argentino se disiparon en unas horas. La respuesta afirmativa significó la formación de una pareja de leyenda, una dupla absolutamente irrepetible. Juntos marcaron una época que llegó a su fin en marzo de 2015, cuando comenzaron la temporada por separado.

 

Estos días se cumplen justo 14 años de aquella llamada, de aquella proposición, de aquella respuesta. Hoy, la red ya les separa. Juan Martín Díaz, el mayor talento de la historia del padel, el hombre que supo ver al joven Bela cuando apenas tenía 22 años, busca ese camino que extravió cuando soltó de la mano a Belasteguin.

 

El de Pehuajó, en cambio, sigue encaramado a la cima del padel mundial, indiscutible número uno, haciendo lo que hacía entonces: ¿ganar? Bueno, eso también. En realidad, competir. De manera feroz. Sin desmayo. Con la misma entrega y el mismo empeño cada día. Competir, competir y competir.

 

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Foto: web F. Belasteguin.

 

Estos días nos cuentan desde World Padel Tour que la aritmética confirma un año más a Belasteguin como líder del circuito profesional. 14 temporadas consecutivas (salvo el paréntesis de escasos días en que los caprichos del sistema de puntuación del circuito coronaron a Lima y Mieres) en los que Bela no ha dejado de construirse a sí mismo.

 

En todo este tiempo, Belasteguin ha sido muchos. Aquel esforzadísimo muchacho que asomaba bajo la imperial sombra de El Galleguito. Aquel temperamental jugador capaz de empezar a discutir con el más grande. Ese inteligentísimo jugador acostumbrado a llevar casi siempre el peso de los partidos. Aquel estratega que aprendió a descifrar el juego en cada golpe hasta conocer todos sus secretos. El rebelde que no rehuyó una disputa cuando entendió que era necesaria. El despiadado analista capaz de convertir cualquier tibieza del oponente en una sentencia de muerte. El incansable soñador que nunca dejó de correr. Persiguiendo la bola. Persiguiendo su objetivo.

 

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Foto: web F. Belasteguin.

 

Hoy, pese al fulgor de tanto trofeo acumulado en estos 14 años, Bela mantiene su identidad. El guerrero indomable, el temperamental, el estratega, el infatigable. Todo en uno. Su origen, sus raíces están siempre bien presentes. En realidad, no puede ser de otra forma. Fernando le debe mucho a unos pocos. Su familia. La de allá y también la de acá. El dramático esfuerzo de sus padres. El apoyo de su mujer. El amor de sus hijos. La confianza ciega de quienes aún no le conocían. La ayuda de quienes nada le pedían. Todo ello le ha ido abriendo el camino que hoy recorre el primero, sí; pero también, al mismo tiempo, le ha hecho contraer una deuda moral, una enorme deuda emocional que el de Pehuajó ha asumido desde el primer día en que empuñó una pala y está devolviendo con creces.

 

Porque se trata de eso. Nada más y nada menos. Cada gota de sudor, cada pisada, cada volea, globo, remate, cada grito de Fernando Belasteguin es su forma de afrontar ese compromiso adquirido. No es gratitud. Es responsabilidad.

 

Cuando acabe la actual temporada sumará 14 años de reinado en el padel. Casi tres lustros siendo el número uno. Sin embargo, no fue eso lo que prometió. Cuando abandonó su Pehuajó del alma camino de España, Bela no se juró ser el mejor; se comprometió a luchar por serlo. Y, desde entonces, día a día, ha cumplido su palabra. Por él. Por quienes le ayudaron.

 

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Foto: web F. Belasteguin.

 

Lo hace hoy, en pabellones de 5.000 personas, con retransmisiones en directo y el padel en busca de un hueco en el escenario mediático. Pero también ayer, cuando apenas un puñado de apasionados de este deporte se desperdigaba por los clubes para disfrutar de una moda de ricos.

 

En el Bela de hoy como en el Bela de ayer está la respuesta siempre a las mismas preguntas equivocadas. ¿Cómo sigue ganando? ¿Por qué no se cansa de ser el mejor? En realidad, Fernando Belasteguin no se cansa de competir. No puede hacerlo. No sabe hacerlo.

 

A Belasteguin, tras cada partido, le preguntan por la victoria y el responde sobre el esfuerzo. Le interrogan acerca del título y él habla de la entrega. Le cuestionan por el éxito y el insiste en referirse al juego. Se esmera siempre el argentino en señalar hacia el trabajo pero pocos siguen su dedo. Y lo cierto es que ese empeño del número uno acaba reforzando la absurda idea de quienes le niegan desde la grada lo que sobre la moqueta resulta evidente.

 

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Foto: web F. Belasteguin.

 

Sobre todo en este país en el que el tajo es cosa mundana y el talento, cuestión divina. El propio Bela, obcecado con el sacrificio y el esfuerzo, contribuye a restarle brillo a sus propios triunfos. Más pendiente de su deuda, de hacer frente al compromiso con su origen, le cede el foco a su compañero. Incluso a sus rivales. Y eso no le ayuda de cara a la afición. El argentino no repara en un equívoco que ni se molesta en combatir. Todo lo contrario. Lo asume como reto por más que resulte disparatado.

 

¿Quién puede negarle el talento a quien gobierna el padel desde la cumbre desde hace 14 años? Muchos vaticinaron el batacazo esta temporada de Bela sin Juan Martín. Los mismos que pregonan cada pocos días desde hace mucho que el de Pehuajó aburre, que no tiene magia, que no da espectáculo, que los rivales le encaran ya vencidos, que hace la nevera, que incumple el fair play, que si es defensivo, que si sólo juega al error…

 

Reproches de quienes le han visto ganar este año diez torneos, los 10 que ha disputado al completo. Dos con Willy Lahoz en dos prodigiosas exhibiciones de compañerismo, táctica y fortaleza mental. Ocho títulos con Pablo Lima dando forma a una dupla granítica. Antes le vieron imponerse en 170 de las 191 finales que disputó junto a Juan Martín. Le conocieron invicto durante un año y nueve meses ganando 22 torneos consecutivos.

 

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Fernando Belasteguin. Foto: WPT.

 

Le han visto adjudicarse dos mundiales por parejas (2002 y 2004) y cuatro bajo el escudo de su selección. Su palmarés no admite comparación y, ya de por sí, valdría para dar respuesta a todos aquellos que, después de este tiempo, aún cuestionan lo innegable.

 

Pero es verdad que hay muchos que ansían ver una derrota suya. Son legión quienes están hastiados ya de su invencible dictado, quienes esperan ver un relevo en la cúspide. Y es, desde un cierto punto, hasta comprensible.

 

Todos ellos, en verdad, están condenados a la decepción. Nunca verán caer a Belasteguin. Sí perderá partidos. Seguro. Más pronto que tarde. Pero no incumplirá su promesa. Nunca. No dejará nunca de competir. De intentar ser el mejor. Porque sólo así puede seguir haciendo frente a su deuda. Únicamente así, Bela puede seguir siendo Bela.

 

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Foto: web F. Belasteguin.

 

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