Ni siquiera una pandemia global con varios centenares de miles de muertos es capaz de serenar las luchas de poder que carcomen el pádel en su interior.

El último episodio de la guerra que se libra en el ámbito federativo emerge a raíz de un hecho que se produjo ¡hace dos años!

Lo contamos ayer en Padelazo.com: la FIP ha sancionado a España y Argentina por la espantada que dieron en la final masculina del esperpéntico Mundial de Pádel de Paraguay en 2018.

Le ha impuesto una multa de 3.000 euros a la Federación Española de Pádel (FEP) y a la Asociación de Pádel Argentino (APA), una amonestación pública y ha dejado desierto el título de campeones del mundo por selecciones de esa competición.

El asunto, sin embargo, va más allá de una cuestión disciplinaria y presenta aristas que conviene atender para actualizar el tablero de juego.

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La sanción de la FIP: Carraro hace propio el fracaso de Patti

El italiano Luigi Carraro llegó a la presidencia de la FIP, precisamente, en la Asamblea General que se celebró durante el Mundial de Pádel de Paraguay 2018. Aquella sesión, desarrollada en la trastienda de la competición, ocupó la atención del organismo internacional mientras desatendía el desastre que rodeaba al campeonato.

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En aquel momento, el caos mundialista no era imputable al recién llegado Carraro, desde luego, por más que su triunfal discurso con referencias al olimpismo chocasen con la terrible realidad que ofrecía aquel Mundial de Pádel.

La dimisión del anterior presidente de la FIP, Daniel Patti, dejó a la Federación Paraguaya de Pádel con todo el peso organizativo de aquel campeonato del mundo y aquello acabó mal. Apagones de luz, suspensión de partidos por lluvias, cambios de sede… Al final, las dos mayores potencias de este deporte se negaron a jugar la final masculina. Fue un descalabro del que la FIP, públicamente, no quiso hacerse responsable.

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Ahora, dos años después, la propia Federación Internacional de Pádel decide castigar a España y a Argentina por no presentarse a jugar aquella final y deja en un segundo plano todo lo que allí ocurrió. Carraro ha buscado dar un correctivo y se ha disparado en el pie. Porque, más allá del acto disciplinario, este movimiento desprende dos lecturas de calado y ninguna de las dos deja bien parado al organismo que preside el italiano.

La primera de ellas es que la demora en resolver este asunto de la final masculina del Mundial de 2018 ofrece una pésima imagen de la solvencia administrativa de la Federación Internacional de Pádel. Con independencia de las discrepancias técnicas o jurídicas que pudiera haber en cuanto a la argumentación de la sanción, lo cierto es que tardar dos años en zanjar un tema de esta naturaleza exhibe la inoperancia de la FIP en muchos aspectos, un mal del que, gobierne quien gobierne, parece que no consigue desprenderse.

La segunda consecuencia apunta directamente a su presidente. El despropósito del Campeonato del Mundo en Paraguay no fue imputable, entonces, a Luigi Carraro, recién llegado a la FIP. Sin embargo, la decisión de cobrarse esta factura ahora sin atender a lo que allí ocurrió, le sitúa como valedor de aquel desastre organizativo.

En Paraguay, el pádel retrocedió en el tiempo. La FIP fue la responsable pero ha permanecido ajena a ello todo este tiempo. Ahora, este intento de señalar hacia España y Argentina es señal de que poco parecen haber cambiado las cosas en la entidad internacional.

El Comité de Apelación de la FIP, en su respuesta a las alegaciones de FEP y APA, considera la sanción impuesta “incluso demasiado indulgente para tal conducta”. Se basa en que la no disputa de la final masculina por la incomparecencia de ambos países “tuvo resonancia a nivel internacional y un organismo disciplinario no puede permitir que el mundo vea que una conducta de tal gravedad puede quedar impune”.

La argumentación es una verdadera desfachatez. Aquel Mundial de Pádel de la FIP pudo haberse suspendido antes incluso de llegar a la final. Si no ocurrió así fue por la voluntad de los jugadores y jugadoras de cada país. Ellos sufrieron el caos y se sobrepusieron a todo aquello mientras los directivos resolvían sus intrigas de palacio. Aún están esperando las disculpas del organismo internacional.

Siendo relevante la infracción que cometieron Argentina y España no presentándose a jugar la final, ésta es, sin duda, un mal muy inferior al despropósito que la FIP permitió por su intolerable dejación de funciones en la prueba de mayor categoría de las que organiza. En lugar de buscar un escarmiento a terceros, la Federación Internacional de Pádel debería procurar dar ejemplo. Y éste no es el caso.

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Foto: FEP.

El órdago de Garbisu

En sus alegaciones a la sanción impuesta, la Federación Española de Pádel ha cuestionado la calificación que la FIP había hecho de la infracción cometida. Es decir, para la FEP, el incumplimiento de España no es “una retirada de la competición”, como apuntó el Comité de Disciplina de la FIP (artículo 21.N del Reglamento Disciplinario) sino “una ausencia de pareja o equipo en una competición oficial” (artículo 21.G del mismo reglamento).

La argumentación ha sorprendido incluso al Comité de Apelación de la FIP porque, en caso de que fuese así, se aplicaría una sanción más grave y España y Argentina podrían verse fuera del Mundial de Pádel previsto para 2020.

La pregunta, entonces, es ¿qué pretendía la FEP? ¿Por qué España iba a querer no participar en el Mundial de Pádel de 2020? A simple vista, no debería haber motivo para ello.

El propio presidente de la FEP, Alfredo Garbisu, en respuesta a Padelazo.com, se ha mostrado tajante sobre esto: “Desde la FEP lo único que queremos es ser legales, no saltarnos los Estatutos ni los Reglamentos a la torera cuando nos interesa, como era de uso común con el anterior presidente FIP y su junta directiva, y como es de uso común también con este presidente FIP y su junta directiva la cual coincide mayoritariamente con la anterior (amén de tener contratado actualmente al anterior presidente que dimitió para no tener que enfrentarse a una moción de censura). Criticamos por ello al anterior presidente y junta directiva, y criticamos al actual y su prácticamente repetida junta directiva por lo mismo”.

Pero el alegato del dirigente español no logra explicar del todo el movimiento de la Federación Española. Porque lo cierto es que, por más que lo explique su presidente, resulta insólito que la FEP abra la puerta a una sanción mas grave para sí misma. No hay razones para ello salvo si éstas se enmarcan en el pulso que mantiene Alfredo Garbisu (y el presidente de la Federación Portuguesa, Ricardo Da Silva) con su homólogo de la FIP, Luigi Carraro. Es inevitable no pensar en ello.

El mandatario español es consciente de que la ausencia de España y de Argentina, las dos potencias de este deporte que se reparten los títulos mundiales, devaluaría el Mundial de la FIP en 2020. Cuenta con ello el dirigente vasco que, con independencia del argumentario jurídico, ha lanzado un órdago a Carraro: “si vas a sancionar a España, hazlo conforme al reglamento y atrévete a dejarnos fuera del Mundial”.

No es un farol. El dirigente italiano ya sabe lo que es el boicot de España a una de sus pruebas. El pasado año, la FEP y la Federación Portuguesa ningunearon el Europeo de la FIP y decidieron no acudir a la competición oficial mientras participaban en una prueba paralela que organizaron bajo el auspicio de la EPA (Asociación Europea de Pádel), una entidad promovida por ellos mismos aún no reconocida por la Federación Internacional.

Aquello no salió bien. En Roma (FIP) no jugaron los mejores y en Lisboa (EPA) no tuvieron apenas foco. Acabó perdiendo el pádel y con él España, por lo que representa en este deporte.

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Ahora, Garbisu ha subido la apuesta con el Mundial. Juega con fuego con este arriesgado movimiento que ha realizado, además, en su último tramo como presidente de la FEP. Las elecciones están convocadas y el mandatario vasco ha confirmado que no se presentará a la reelección. Pero ni así parece haber renunciado al pulso con la FIP.

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La ausencia de España y Argentina en el Mundial de Pádel sería un verdadero escándalo que, únicamente, serviría para alimentar esta guerra intestina. Podría, incluso, propiciar el surgimiento de una competición paralela con la incorporación de otras naciones (las que se apearían del barco de la FIP más las que han surgido al calor del movimiento de Fabrice Pastor y la Federación Continental Americana de Pádel (CAPF) en el continente americano). Un Mundial contraprogramado sería nefasto para el pádel.

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Reunión de representantes de la EPA y la CAPF, con Da silva, Pastor y Garbisu. Foto: CAPF.

Carraro, de momento, ha esquivado el envite y mantiene la sanción de 3000 euros a España y Argentina.

En este peligroso duelo entre dos tiradores de gatillo fácil, por ahora, ambos pueden exhibir el resultado como un pequeño (e inútil) triunfo: el italiano porque somete a las díscolas FEP y APA a su autoridad; el español porque, desde su punto de vista, pone en evidencia a una FIP que retuerce el reglamento porque no se atreve a dejar fuera de juego a España y Argentina.

Veremos si esto queda aquí.

El Comité de Apelación de la FIP ha rechazado las alegaciones de la FEP y la APA y ha acabado ratificando la decisión del Comité de Disciplina. 

“Acatamos la resolución del Comité de Disciplina y del Comité de Apelación de la FIP y por supuesto acatamos, de la misma manera, lo indicado en el Reglamento FIP del Mundial”. Así lo explica el propio Garbisu a esta web por lo que parece dar por cerrado el frente que ha abierto la tardía sanción que ha impuesto la FIP.

Pero, ¿y el resto de federaciones? ¿Alguna se sentirá perjudicada (o fingirá estarlo) para reabrir el asunto? Habrá que estar atentos a cualquier movimiento en este sentido.

En cualquier caso, sigue el pádel danzando sobre un alambre que zarandean cada vez más intereses. Este deporte parece tener su propia pandemia.

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