Sexto título de nueve disputados. Alicante, como Madrid, Valencia y Barcelona, encumbró a la pareja número 1. Alejandro Galán y Juan Lebrón volvieron a ganar. No fue su versión más arrolladora la que les abrió camino. Esta vez mutaron de piel para fajarse frente a las numerosas adversidades que asomaron desde el primer partido. Así lograron sostenerse hasta coronarse de nuevo.
La victoria establece un nuevo registro en el palmarés de ambos jugadores: nunca hasta ahora habían sumado seis entorchados en una misma temporada. Ya lo tienen. Y aún les queda un torneo regular más y el Master Final para rubricar su incuestionable dominio en este 2020.
Galán y Lebrón conquistan el Open de Alicante
El sexto título de la temporada para Galán y Lebrón llegó a través de un camino de minas. Desde su debut el jueves, los números uno tuvieron muchas dificultades para imponerse en cada duelo.
Solo en cuartos ofrecieron su versión más intimidante. La sufrieron Momo y Allemandi, víctimas de un vendaval devastador (6-1 y 6-1). El resto, en cambio, fue un calvario para los favoritos. Gonzalo Rubio y Christian Fuster estuvieron a un paso de despeñarles en el estreno. Lebrón y Galán desfilaron sobre el alambre y solo se impusieron en el tie break del tercer set (6-3, 3-6 y 7-6).
En semifinales, estuvieron a merced de sus contrarios durante todo el primer set, Martín Di Nenno y Maxi Sánchez. Se adaptaron a la propuesta y respondieron a lo grande (4-6, 6-3 y 6-1).
Algo parecido les ocurrió en la final.
Sanyo y Stupa se desplegaron de inicio con una intensidad feroz. Apretaron cada bola para evitar el dominio rival y se despegaron pronto en el marcador. Un break en el segundo juego les abrió pista para un parcial de 4-1. Aunque la dupla española pareció reaccionar, acabó cediendo la primera manga (4-6).
Para Stupa y Sanyo, la final del Open de Alicante era el sexto enfrentamiento contra Lebrón y Galán. Los cinco anteriores los habían perdido todos. El último precedente fue la final del Master de Barcelona en la que los líderes de la RACE 2020 les superaron con una actuación portentosa.
Ahora, en cambio, eran los de Pozzoni (reaparecido en el banco) quienes mandaban en el juego. El omnipresente despliegue de Stupa atormentaba a Alejandro Galán mientras que las incisivas apariciones de Sanyo resultaban definitivas. Un plan trazado a una intensidad máxima que dificultaba esas eléctricas transiciones de sus rivales y les obligaba a digerir cada jugada con mayor dedicación.
Lebrón era fiel reflejo del sufrimiento de los favoritos. Exigido al fondo, sin pista para despegar, la incomodidad del andaluz era manifiesta. Por momentos, El Lobo no sabía si ir o venir. Su voracidad le reclamaba atrevimiento pero el partido demandaba temple.
El mérito de la pareja de Mariano Amat fue no caer en la desesperación. En esta triunfal temporada, aunque se les reconoce más por sus apabullantes despliegues, ya han dado muestras de su capacidad para adaptarse a diferentes escenarios: pista rápida, lenta, marcador en contra, viento a favor. Volvieron a demostrarlo en este Centro de Tecnificación Deportiva de Alicante, vacío de público y hasta de invitados.
Así que la reacción de Ale y Juan no fue un arrebato emocional. No se lo jugaron todo a cara o cruz a través de una ofensiva sin red. En lugar de eso, aceptaron una réplica racional, diseñada desde el banco, a base de pequeños cambios que fueron inclinando el partido de su lado.
Galán agitó a Stupa con mucha persistencia. Jugó a darle y negarle espacios, le obligó a moverse, a pensar, a elegir. Le desplazó a la T con frecuencia y le buscó en la esquina en cuanto pudo. A través de ese formidable ejercicio de constancia, el madrileño fue ampliando la cancha mientras buscaba el desajuste del chaqueño. A su lado, Lebrón se oxigenó en el revés con mas frecuencia de la habitual y adaptó el paso al de su compañero.
Juntos le dieron mucho palique al juego. De eso se trataba. No era una tarde para imponerse sino para fajarse. Lo entendieron y lo así lo aceptaron. Con menos winners y menos errores no forzados que en el primer acto, la dupla encontró la opción de despegarse en forma de break, que les permitió elevarse en el segundo parcial (6-3).

Los aspirantes, en verdad, no habían aflojado. El equilibrio fue una cuestión de detalles, de instantes.
La consistente hiperactividad de Stupa abría paso a las intervenciones de Sanyo. La fórmula funcionaba y mantenía intacta sus opciones. Nada que ver con el trazo de hace tres semanas en la final de Barcelona.
Aquel episodio en la Ciudad Condal no reflejó, en realidad, el crecimiento que ha venido experimentando la dupla argentina, de menos a más en este curso. Su progresión, incuestionable sobre la moqueta, ha dejado huella también en el ranking. Tras el paso por Alicante, han desbancado a Paquito Navarro y Pablo Lima y ya asoman como la segunda dupla de la RACE 2020.
Cerca estuvieron de poder celebrar este ascenso con el que hubiera sido su segundo título de la temporada. Tuvieron opciones de quiebre en el tercer set. Dos bolas de oro en el cuarto juego para un 1-3 y en el octavo juego para un 3-5.
No convirtieron ninguna de las dos. Sus rivales, en cambio, no fallaron. El pádel, al final, es un juego de aciertos y errores.
En el noveno, Lebrón y Galán transformaron un punto de oro en un break providencial, definitivo (5-4). La acción definió a la perfección el patrón de los favoritos en esta final. Se parapetaron atrás y agitaron sin descanso a sus rivales, por bajo y por alto, hasta que acabó fallando Stupa. Fue un ejercicio de temple y constancia, alejado del apabullante dominio de otras tardes, el que les despejó el camino hacia un triunfo que abrocharon desde el saque propio (6-4).
Los líderes se dejaron caer sobre la moqueta, cada uno por su lado, entregados ya a su propia escenografía en busca de una instantánea que enmarcase este sexto título, record particular de cada uno. Luego se abrazaron, campeones por sexta vez, como la mejor pareja del año.

Eres el periodista que mejor escribes de padel de España. Tus artículos son un verdadero placer leerlos, por el análisis tan profundo que haces de tantos aspectos del juego y que a muchos se nos escapan. Pero obviar en un artículo tan extenso lo que todo el mundo vio en la semifinal del sábado por la tarde y que fue un clamor en redes te hace un flaco favor. No sé si es autocensura, me extrañaría, o creer que no es algo importante a nivel periodístico, lo que me preocuparía. Hasta WPT en la entrevista postpartido hizo mención al asunto en lo que era ya un clamor por la enésima, y la más grave, salida de tono en pista de Lebrón. Insisto que yo no leo «Padelazo» por la actualidad al minuto, para eso hay otras webs, lo hago por su calidad y profundidad. Pero esta vez no informas bien y creo que lo sabes.
Hola, de nuevo, Marcos. Gracias, una vez más, por el interés y por tus palabras, tanto el elogio como la crítica. Te contesto con absoluta sinceridad. No hay autocensura por mi parte. El motivo de que haya decidido no poner el foco en los gestos de Lebrón es que me parece que resultan reiterativos. Sí, es cierto que en los últimos torneos se vienen produciendo con mayor evidencia, pero, insisto, me parece que han dejado de ser una novedad.
Esta crónica a la que te refieres, como habrás visto, está centrada en la final y en cómo le dieron la vuelta al partido. Ahora mismo tengo poca disponibilidad para escribir y opté por centrar la atención en lo que me parecía más relevante ya que el tema Lebrón y los gestos, como te digo, me parece redundante (no lo justifico, que quede claro).
De hecho, incluso en la final también despachó algunos gestos hacia Galán. El año pasado, con Paquito, también se dieron situaciones de este tipo y la pareja acabó saltando por los aires. Muchas de ellas las evidencié en algunas de las crónicas.
Imagino que, hasta ahora, Alejandro Galán y su equipo lo están asumiendo como el peaje de tener a Lebrón como compañero.
Es evidente que, en este asunto, hemos tenido criterios diferentes. Aunque, insisto, no hay autocensura alguna. Sí, un enfoque que, sin duda, no ha coincidido con el tuyo.
Un saludo.