Ni siquiera esperé a que se jugase la final del Menorca Open para, mediante estas líneas, hacerle frente a una idea que viene cogiendo forma desde hace algunas semanas, incluso algunos meses. No importó el resultado de ese último partido en tierra balear, el triunfo inapelable de Lebrón y Galán para conquistar su sexto título del año, pues, en cualquier caso, no le quita fuerza a esta osada reflexión: ¿es Paquito Navarro el MVP del curso?

Quedan cuatro torneos de la temporada regular y el Master Final. No ha alcanzado el numero uno en todo el año y, probablemente, no le dé la aritmética para conseguirlo. A estas alturas ha disputado seis finales junto a Martín Di Nenno y solo tiene un título. Ha jugado 42 encuentros y ha ganado 31. Sí, es cierto. No son guarismos de MVP, pero ¿y qué hay del juego? Las actuaciones que viene encadenando el sevillano semana tras semana ¿acaso no le señalan como el jugador de mayor impacto sobre el azul? Al menos, no figura otro por encima de él.

Ni Juan Lebrón, una figura inaccesible para cualquiera a día de hoy salvo cuando desvía la mirada de la pelota. Ni Alejandro Galán, un jugador con hechuras de uno al que le queda alguna cocción para minimizar su fase valle. Ni Agustín Tapia, un chico con un potencial tan inimaginable que ni siquiera él sabe aún de lo que es capaz. Tampoco Sanyo, ni Stupa, ni Alejandro Ruiz, ni Bela,… ninguno ha estado mejor que el andaluz en este 2021. No durante tanto tiempo.  

En Barcelona, Paquito y Di Nenno lograron su único entorchado del año hasta la fecha. El relato que se generó en torno a esa conquista situó al joven argentino de Ezeiza como protagonista principal tras haber superado un periplo vital dramático. Hasta el propio Paquito asumió aquella narrativa que trascendía los límites del 20×10. La organización distinguió a Martín como el Mejor Jugador. Sobre la moqueta, sin embargo, el juego se ocupó de señalar al sevillano como actor principal, sin discusión, durante todo el torneo. Viene ocurriendo así desde el principio de temporada.

Porque Paquito ha dado algo más que un paso al frente en su pádel. El jugador se ha transformado a sí mismo.

En las últimas tres temporadas, el andaluz había asumido un rol más defensivo. Le tocó hacerlo en 2018 con Juan Martín Díaz, en 2019 junto a Juan Lebrón, y en 2020 con Pablo Lima. Acabó por acomodarse a ese perfil. Por momentos, le bastaba (y se bastaba) con el inabarcable repertorio que lucía para manejarse en la esquina mientras iba perdiendo filo. El juego, en cambio, parecía ir en sentido contrario; más propenso a acelerarse, como si tuviera prisa, a buscar atajos, a recortar golpes.

A nivel de resultados, solo funcionó en 2019 junto a El Lobo. Más allá de los cinco títulos que logró junto al gaditano ese año, Navarro suma apenas tres conquistas en tres temporadas, a una por año (2018, 2020 y 2021). Un registro exiguo, demasiado para alguien de su talento y, por supuesto, expectativas.

Porque conviene recordar que el andaluz es más que un jugador de pádel. Es toda una marca en sí mismo. Probablemente, la primera gran marca del pádel español durante mucho tiempo; con un relato propio configurado en torno a una promesa que le señaló, primero como niño prodigio, y después, como esperanza patria para derrocar el imperio argentino en el pádel.

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El problema es que la generación posterior a la suya decidió no respetar los tiempos y ha invadido la escena sin que el andaluz cumpliera la profecía. La irrupción de nuevos actores como Juan Lebrón, Alejandro Galán, Agustín Tapia o Franco Stupaczuk, entre otros, le ha condenado a compartir los focos. De pronto, cuando parecía que, al fin, llegaba su turno, Paquito ha dejado de ser El Elegido para convertirse solo en uno de ellos. Y ello le ha obligado a cambiar el paso.

En 2018, tras dos grandes temporadas junto a Sanyo Gutiérrez, el andaluz desvió el rumbo. Su unión con Juan Martín Díaz, su ruptura con Lebrón, su regreso con Pablo Lima, ninguna de esas decisiones le dio el rédito esperado y acabó por alejarle del escenario principal. En dos de los tres últimos años (2018 y 2020) ha tenido un papel secundario en la pelea por el liderato del ranking.

Así que el andaluz, a sus 32 años, encaró este 2021 con la necesidad de conectarse, de nuevo, a la cima. Para ello reclutó a Di Nenno, un argentino de 24 años de magnífica evolución y famélico palmarés. Ni siquiera había logrado asomarse aún a una final grande. Desde luego, ni los resultados de Martín hasta el momento, ni su estilo de juego, más proclive a la pausa que al vértigo, parecían, a priori, la mejor elección para el ambicioso propósito del sevillano.

Los resultados de los dos primeros torneos reforzaron la impresión de que la pareja no mezclaba del todo y se mostraba, por momentos, demasiado plana para poder hacer frente a los grandes depredadores del circuito.

El subcampeonato en Vigo, la tercera cita del año, con triunfo en semifinales ante Lebrón y Galán (2-6, 6-3 y 6-4), ya dejó ver algunos brotes verdes. A partir de ahí, la dupla fue creciendo.

A Martín, ese aterrizaje en su primera gran final le sirvió para confirmar(se) que estaba preparado para las alturas. El cambio sustancial, sin embargo, afloró desde el revés. Paquito comprendió que le correspondía aportar la diferencia. Era el andaluz quien tenía aquello que la dupla más necesitaba. Lo entendió y aceptó el reto. Así dejó atrás su faceta más conservadora para ir liberando su versión más afilada. A partir de un estado físico envidiable, comenzó a reclamar pista, achicar espacios, a lucir pegada y a atreverse en el cuerpo a cuerpo. Todos esos inagotables recursos que utilizaba para mostrarse como un defensor de primera, comenzó a ponerlos al servicio del ataque. Hoy ha dejado claro que a ese ‘nuevo pádel’ sabe jugar como el mejor.

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Foto: WPT.

De esta forma, ha protagonizado portentosas exhibiciones, como la que se produjo en la semifinal del Santander Open ante los líderes, un duelo con su compañero completamente fundido que mantuvo vivo el sevillano mediante un sobrecogedor ejercicio de talento y coraje (6-7, 7-6 y 6-4). No le valió para lograr la victoria pero sí para reforzar su nueva propuesta.

A Di Nenno, todo ello, le ha dado alivio. El argentino es un maestro desde la calma, reduce revoluciones y dicta el juego con mucho criterio, pero le falta colmillo. Paquito lo pone por los dos. Y, además, luce galones. El hispalense, al que en ocasiones le sienta de fábula la templanza de su irreprochable compañero, acude al rescate cada vez que la situación se complica. Por primera vez en su carrera es el jugador andaluz el que aporta a la pareja una mayor jerarquía que su compañero. Y está a la altura de ello.

La de Paquito es una mutación que derrocha talento, sin duda, pero, también, oculta algo de orgullo. El sevillano no está dispuesto a ceder su turno a la irreverente new wave sin plantear batalla. Es una forma de reinvidicar su vigencia que ya apuntó por momentos el pasado año.  

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Foto: FEP.

Tras un curso para olvidar, Paquito Navarro disputó el Campeonato de España Absoluto de 2020 junto a Juan Martín Díaz. El sevillano no había logrado ganar ningún título en la temporada 2018 junto a El Galleguito y quería sacarse la espina en Madrid. Era, sin duda, una oportunidad excelente de añadirle una línea más a la narrativa de una marca que nunca descuida.

En la final se encontraron con Alejandro Galán y Juan Cruz Belluati que les arrollaron en el primer set con un 6-2 que insinuó un desenlace rápido. No fue así. Paquito cogió las riendas del partido, arrinconó a su compañero, acaparó metros y meció a Galán en el cruzado hasta sacarlo de rueda. Aquel triunfo episódico tuvo más calado del que anunció el resultado. Fue un ejercicio prodigioso del sevillano en la central de un escenario como el Wizink Center, junto a uno de los más grandes de la historia del pádel y ante uno de los principales abanderados de ese juego veloz y agresivo que parece imponerse hoy. Paquito hizo pequeños a todos y salió triunfal de aquello, aunque su gesta se vio eclipsada en gran medida por el hecho de que su ilustre compañero se coronaba en la prueba por sexta vez tras una sequía de 16 años. Aun así, algo de aquello sustenta su transformación actual.

Este curso, junto a Di Nenno, ha repetido exhibiciones de ese tipo en numerosas ocasiones. Actuaciones en las que el andaluz se multiplica, abarca pista, auxilia a su compañero y le pone picante al juego. Llevan seis finales, cuatro consecutivas, y son, hoy por hoy, la principal alternativa a los intratables Galán y Lebrón. Y una gran culpa de ello recae sobre el de Sevilla, el motor que lleva a la pareja a rendir por encima de sus debilidades. Martín ha subido un peldaño, no hay duda de ello; Paquito ha cambiado de piel.

Y ni siquiera la atracción que genera la emotiva historia de Di Nenno puede solapar esta notable mutación. El sevillano, tantas veces señalado por su carácter histriónico, sus arrebatos de temperamento y sus desconexiones emocionales, no tiene escapatoria. Esta vez, su talento habla por él: ¿Paquito MVP?

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Foto: WPT.
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