Sigue el lío en la Federación Española de Padel. La resolución del episodio de la moción de censura no ha rebajado la tensión en torno al organismo que preside Alfredo Garbisu.

La situación económica de la FEP es el telón de fondo del pulso entre la actual directiva y los presidentes de las federaciones territoriales críticas con su gestión. Aunque no es el único obstáculo que Garbisu encuentra en su camino. De hecho, en el seno de su equipo, aparecen también grietas significativas.

El pulso por el reparto de las licencias federativas

El reparto económico de expedición de licencias es una de las armas empleadas en el pulso por el control de la FEP.

Se trata de una de las principales fuentes de ingreso del organismo. Según las cuentas de la federación del ejercicio 2017 (el último declarado públicamente por el organismo), los ingresos por licencias suponen el 33% de ingresos federativos totales (sin contabilizar subvenciones ni ingresos financieros).

Es, por tanto, un factor condicionante de toda la política económica de la actual directiva. Y permanece enquistado desde 2018.

Antecedentes de un bloqueo

Al final del mandato del anterior presidente, Miguel Medina, la aportación de las territoriales a la FEP por cada licencia expedida se situaba en torno al 15%. Por este apartado, las federaciones tenían contraída una deuda de 195.000 euros a favor de la FEP (97.000€ de 2015 y 98.000€ de 2016).

Con la llegada de Alfredo Garbisu a la presidencia de la Federación Española de Padel en junio 2016, se produjo una circunstancia clave para comprender la situación actual. Todas las federaciones acordaron en la Asamblea de 2017 la eliminación de la citada deuda y la reducción a la mitad de la cuantía que debía percibir la FEP por las licencias de las territoriales (del 15% se pasó a en torno el 7’5%).

O lo que es lo mismo, la FEP dejó de ingresar 372.000€ (195.000€ adeudados y 177.000€ por la disminución del pago por licencias).

Aquella decisión, adoptada por consenso, generó un desequilibrio económico en el ente federativo español para el que no estaba preparado. Ni la estructura del organismo ni la planificación económica diseñada permitían asumir dicha medida sin encontrar nuevas fuentes de ingresos que compensaran esa reducción. Aquel fue el primer gran error de Garbisu.

Todo estalló cuando 8 de las federaciones territoriales, que habían apoyado esa disminución de ingresos, se rebelaron contra la gestión de Garbisu al frente de la FEP.

En 2018, con la Española en grave desequilibrio económico (con un patrimonio neto negativo incluso); Garbisu buscó aumentar los ingresos. El apoyo de Fabrice Pastor era fundamental al respecto pero su portazo al padel hundió, en parte, los planes del presidente.

En la Asamblea de junio del pasado año, Garbisu propuso elevar hasta el 10% la cuantía que las territoriales debían abonar por licencia a la FEP. La medida no obtuvo el apoyo reglamentario (dos mayorías cualificadas) y trastocó las previsiones económicas de la FEP para 2018.

Aquel fue uno de los asuntos capitales que desembocó en la moción de censura del pasado mes de diciembre (junto a otras cuestiones como el distanciamiento de la FEP respecto de World Padel Tour y su proximidad a Fabrice Pastor; el conflicto con el presidente de la catalana y su polémico cese; la falta de transparencia en la gestión,…).

Garbisu esquivó el tiro y salvó el puesto. En parte, por la equivocada estrategia que sus opositores trazaron para proteger hasta el último momento al candidato alternativo a presidir la FEP (Francisco Sanz, el presidente de la Federación Balear) y por una llamativa ausencia de propuestas concretas.

El presidente de la FEP obtuvo una sufrida victoria pero se encontró con varios desafíos importantes por delante y una situación institucional muy complicada. Dos meses después, los problemas siguen presentes y necesitan soluciones definitivas.

Asamblea para el 23 de marzo

Desde el revolcón que sufrió la propuesta que Garbisu hizo en junio de 2018 de aumentar la cuantía que las territoriales deben abonar por las licencias, el presidente no ha vuelto a someter este asunto a debate en el máximo órgano de representación.

Entonces, las federaciones críticas decidieron aumentar la presión sobre el presidente y acordaron no abonar cantidad alguna por este concepto ante la falta de acuerdo. Entendían que, llegados a este punto, debía ser un órgano independiente arbitrado por el Consejo Superior de Deportes quien desbloqueara este tema.

La medida, además, les permitía asfixiar aún más el proyecto de Garbisu con vistas a la moción de censura de diciembre.

La respuesta de Alfredo Garbisu y su directiva llegó en forma de órdago: o pagaban o los y las jugadoras de las territoriales no podrían disputar las competiciones oficiales federativas de final de año al quedar inhabilitadas sus licencias.

La jugada de Garbisu surtió efecto y los críticos decidieron pagar, aún sin acuerdo al respecto, para evitar el perjuicio de sus jugadores/as.

Ahora vuelve a reproducirse el mismo escenario.

Las federaciones críticas han tomado la iniciativa y el pasado 15 de febrero solicitaron la convocatoria de una Asamblea General Extraordinaria para tratar diversos puntos, entre ellos, la propuesta de reparto de licencias y canon de clubes de 2018 y también la de 2019.

La intención de estos presidentes opositores a Garbisu era, de nuevo, demorar el pago pendiente por sus licencias hasta la celebración de dicha asamblea.

Sin embargo, la respuesta de Garbisu ha sido, de nuevo, tajante: o abonan a la FEP la cuota que les corresponde por las licencias territoriales o no las habilitarán y dejarán sin competir a miles de jugadores/as.

El aviso del presidente Garbisu salió de la FEP con fecha del 20 de febrero pasado (cinco días después de la solicitud de los críticos para que convocara una asamblea) y en el documento les concedía un “plazo de gracia” de 24 horas.

Las federaciones díscolas, otra vez, han decidido formalizar el pago de las cantidades pero, a cambio, han logrado que Garbisu convoque la Asamblea Extraordinaria. La fecha de celebración será el 23 de marzo. Por cierto, un sábado esta vez (la Asamblea para votar la moción de censura contra él la convocó un miércoles).

La gestión económica de la FEP, en entredicho

Apenas han tardado dos meses las federaciones críticas en recuperar la iniciativa en el pulso que mantienen con Garbisu. Su solicitud para la convocatoria de una asamblea ha vuelto a situar a remolque al presidente.

Sus opositores ponen ahora el foco en su gestión económica. En este sentido, además del tema del reparto de licencias; quieren conocer el Plan de Viabilidad que, según Garbisu, aprobó el Consejo Superior de Deportes (y que aún no ha mostrado), para hacer frente a la situación económica que atraviesa el ente federativo.

También quieren conocer el estado de ejecución del Presupuesto de la FEP de 2018; toda vez que dichas cuentas se vieron afectadas por el rechazo a la nueva propuesta de reparto de licencias que iba a suponer un incremento de los ingresos.

Y, de igual manera, los datos del cierre provisional, el balance y la cuenta de resultados de la FEP en el pasado año.

En definitiva, quieren provocar en la Asamblea, el máximo órgano de representación federativa, el debate en torno al estado económico de la FEP que Garbisu, hasta ahora, no ha afrontado.

La reclamación de los críticos es absolutamente necesaria ante la llamativa falta de iniciativa de Garbisu en este sentido. Debió ser el propio presidente quien liderase este debate en la Asamblea de la Federación Española de Padel. No ha querido hacerlo.

Ahora, una vez más, parece ir a remolque. ¿Cómo saldrá de ello?

Adaptarse al escenario real de la FEP

El actual estado de la FEP no admite más demora por parte de Garbisu y su Junta Directiva.

El presidente sólo tiene dos caminos posibles ante sí. O adapta su gestión al escenario real de la entidad o reconduce la situación y busca un acuerdo con sus opositores que le conceda aire a su proyecto.

Hasta ahora, parece haber optado por la primera opción. Dos años después de su nombramiento, Garbisu ha decidido meter tijera. Víctima de esos recortes es el ya exseleccionador absoluto, Jon García Ariño, que no ha querido aceptar las nuevas condiciones propuestas y ha optado por la renuncia.

Tiene aún más ajustes que hacer Garbisu para encontrar el equilibrio en las cuentas aunque habrá que ver si da el paso. En esta mitad de mandato, al presidente le ha faltado determinación para tomar decisiones clave que impidieran a la institución verse en la actual situación.

Mientras tanto, sigue en busca de nuevas fuentes de ingresos aumentando las aportaciones de patrocinadores que ya tiene o tratando de buscar nuevos (mediante la contratación de una nueva Agencia de Marketing).

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Foto: FEP.

Giro hacia World Padel Tour

La salida de García Ariño ha supuesto otra decisión de calado. Su relevo como seleccionador absoluto masculino es Juanjo Gutiérrez. No es una elección cualquiera. Con independencia de la capacitación profesional y la trayectoria deportiva del malagueño; su nombramiento apunta, indiscutiblemente, en una dirección: recuperar terreno perdido con World Padel Tour.

Juanjo es Director del Área de Padel del Reebok Sports Club La Finca. Uno de los responsables del pasado WOpen. Es Team Manager de Star Vie y un hombre de confianza de algún importante directivo de Damm.

Este acercamiento de Garbisu al actual circuito profesional de padel es uno de los salvavidas a los que trata de agarrarse el máximo dirigente. Sin embargo, no lo comparten así en su círculo de confianza y en su directiva hay quien reprueba el nombramiento.

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Foto: FEP.

Grietas en su propio equipo

Hoy día, la amenaza al proyecto de Garbisu ya no está sólo afuera. Ahora también, en el seno de su Junta Directiva aparecen fisuras. Alguna, incluso, es ya una clara vía de agua en forma de dimisión que puede materializarse en los próximos días ante la deriva actual.

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