Dos finales, dos títulos y una aparente sensación de poderío intimidante. Marta Ortega y Marta Marrero han comenzado la temporada a lo grande.

Configurada como una dupla para aspirar a todo, quedaba por comprobar cómo era su aterrizaje en la competición, cómo respondería ante sus rivales, de qué forma haría frente a las adversidades cuando éstas aparecieran.

El resultado, desde luego, ha sido impecable. Sometidas al escrutinio de la moqueta, M&M han superado la prueba. En los dos primeros torneos, y en concreto, en las dos finales, han ofrecido un rendimiento sensacional, exhibiendo muchas de las virtudes que se le presuponían y añadiendo otras cualidades adicionales más que interesantes.

No, en absoluto han arrollado a sus oponentes. Todo lo contrario. Han sufrido e, incluso, han estado cerca de perder cualquiera de las dos finales. Pero no lo han hecho lo que, sin duda, subraya aún más el valor de estas victorias forjadas a través de dos esforzadas remontadas ante sus excompañeras.

¿Cuáles han sido las claves del éxito de Marta Marrero y Marta Ortega?

Claves del doblete de Marrero y Ortega

Este análisis centra su foco en cuatro planos: lo táctico, lo individual, lo físico y lo emocional.

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Foto: WPT.

Lo táctico

El plan idóneo para M&M

El planteamiento diseñado por Juan Alday y Carlos Pozzoni fue similar para ambas finales aunque hubo matices entre ellas.

Una de las claves principales fue alejar la pelota de la derecha de Salazar y acotar la zona de juego desde la mitad de pista hasta la esquina de Ari. Marrero y Ortega lo ejecutaron a la perfección y acabaron acorralando a la de Reus.

En la primera final, Marrero percutió con cierta frecuencia en el paralelo para fijar a Salazar en su posición. Ortega recurrió también a su paralelo y ello amplió mucho el campo a sus rivales.

En la segunda, sin embargo, los intentos de Ale de bascular hacia el medio (lo hizo con demasiada insistencia), fueron penalizados en muchos casos por Martita desde el cruzado que supo aprovechar el espacio surgido a la derecha de la madrileña.

Aunque con menos de frecuencia de la que necesitaban, Las Martas abandonaron el fondo y acertaron a presionar en la red en momentos clave. El mejor ejemplo es la bola con la que definieron a su favor el segundo set.

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Foto: WPT.

Disciplina espartana

Es, sin duda, uno de los pilares que sostienen el despliegue de esta pareja. Marrero y Ortega exhibieron una extraordinaria disciplina táctica.

Las dos jugadoras han mostrado una constancia admirable a la hora de llevar a cabo el despliegue táctico diseñado para cada partido. En las dos finales fueron fieles al plan y lo ejecutaron con rigurosidad hasta que lograron darle la vuelta a ambos partidos.

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Consistencia a prueba de francotiradoras

Su equipo técnico es consciente de la naturaleza de esta pareja y en virtud de ello configura su despliegue. Alday y Pozzoni tiene bajo su dirección a dos jugadoras muy consistentes, capaces de generar un enorme volumen de juego, con la resistencia necesaria para reiniciar la jugada cada vez que se escapa a su control.

En verdad, cuantos más golpes tiene una jugada, más cerca se sitúan del éxito.

Así consiguieron remontar las dos finales. No buscaron el intercambio de golpes. Los puntos se alargaron y acabó por imponerse la propuesta de juego de M&M. En ese escenario, fueron mejores.

En las dos batallas por el título, la fiabilidad de Las Martas fue un elemento decisivo que pesó más que la capacidad de tiros que mostraron Ale y Ari.

Marrero y Ortega se elevaron sobre sus rivales con una menor cantidad de errores no forzados. En Marbella cometieron la mitad que sus adversarias (22 por 42), mientras que en Logroño, aunque elevaron este guarismo, también estuvieron por debajo (33 por 43).

Sin embargo, no hay que ignorar que esta evidente virtud, en muchas fases del encuentro, también desembocó en uno de sus apreciables defectos: a veces se volvieron demasiado conservadoras y se hicieron algo previsibles.

Para evitarlo, deben esforzarse por mantener siempre la vocación ofensiva. Recursos tienen.

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Estadísticas Final Master Marbella.

Pegada diferencial

La pegada de Marrero fue otro factor determinante. También se atrevió Ortega con otro tipo de remate (más rápido y sorpresivo). Se notó en ambas finales. En Marbella, en la que la bola no despegaba mucho de la moqueta, transformaron 17 remates (de 39 intentos) frente a los 9 de 15 de sus contrarias.

En Logroño, con unas condiciones más favorables para el juego aéreo, Las Martas elevaron el porcentaje y se anotaron 21 remates de 41 intentos. Sus rivales probaron 24 veces y tuvieron éxito en 13 de ellas.

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Estadísticas Final Logroño Open.

Lo físico

En plena forma

En ambos partidos, la respuesta táctica de ambas jugadoras se sostuvo en un estado físico primoroso.

Es cierto que en Marbella y en Logroño, Martita y Marta tuvieron más respiro que sus rivales en el camino a la final. En el primer torneo, no disputaron los cuartos por la lesión de una contraria; y en el segundo, resolvieron de manera exprés la semi (6-1 y 6-0 a Lucía y Gemma) mientras Ale y Ari sobrevivían a un maratón de padel contra Patty y Eli (1-6, 6-3 y 6-4).

Pero, más allá de ello, Las Martas exhibieron una notable condición física en los dos encuentros. Dos horas y 47 minutos duró la final de Marbella. Tres horas y 5 minutos la de Logroño. En ambas, Ortega y Marrero ganaron también esa batalla.

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Foto: WPT.

Lo individual

Martita Ortega: dos MVP en dos finales

La madrileña ha sido reconocida en las dos finales como la jugadora más destacada. Desde luego, en ambas ha tenido un papel capital.

Ortega ha soportado gran parte del entramado táctico con un despliegue encomiable. En defensa ha sido capaz de enfrentarse a la temible bandeja de Ale Salazar mientras atenazaba a Ari en el paralelo.

No ha sido, desde luego, un trazo de juego nada cómodo pero la de Adidas ha cumplido a la perfección. Incluso, en el encuentro por el título en Logroño, se mostró más incisiva con su volea de derecha y el remate.

Marta Marrero, intimidante

La amenaza de la jugadora canaria crece exponencialmente con cada paso que le aproxima a la red.

Más en la segunda que en la primera final (por las condiciones de la pista), el remate de Marrero fue una solución a la que aferrarse en algunas circunstancias.

Marrero se fajó con mucho empeño desde el fondo, empujó a Ariana Sánchez atrás y definió en cuanto pudo coger pista.

Es cierto que le faltó algo más de atrevimiento en algunos pasajes para buscar la red, aunque también es verdad que, con el juego volcado sobre su compañera, la de Black Crown buscó una posición que le permitiera conectarse al juego (aunque fuera en posiciones retrasadas).

No obstante, la ex-tenista fue valiente cada vez que tuvo oportunidad y esa amenaza, desde luego, condicionó el juego de sus contrarias.

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Foto: WPT.

Lo emocional

En busca la razón

Tras la ruptura de Marrero con Salazar y de Martita con Ari se produjo un intercambio de papeles que acabó situando la red entre quienes, hasta entonces, eran compañeras.

La separación, que no fue sencilla en ninguno de los casos, provocó cábalas, alimentó la comparativa y disparó las expectativas externas sobre quiénes salían ganando con el cambio.

Estas quinielas no ocupan, evidentemente, el foco principal de las jugadoras; volcadas en la ardua tarea de construir un nuevo equipo a contrarreloj, de generar nuevas complicidades en el menor plazo de tiempo posible. Sin embargo, de forma inconsciente, sí conectan con sus propios anhelos.

Por eso, para Las Martas fue una liberación ese primer título de la temporada en Marbella. Como lo hubiera sido para sus rivales si hubiesen podido aprovechar sus opciones (que las tuvieron). No fue un simple resultado deportivo sino la constatación de que habían acertado.

El triunfo; sobre todo, la manera en que lo consiguieron, les otorgó un plus de confianza que, desde luego, les ha ayudado a enfrentarse a las dificultades en la final de Logroño.

Por más que tuvieran el convencimiento antes de empezar, en Marbella (se) demostraron su capacidad de superar contratiempos; y lo repitieron con éxito en Logroño.

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Foto: WPT.

Un espacio propio

Marrero ya estaba acostumbrada a luchar por todos los títulos en juego. Incluso, había llegado a ocupar el número uno del ranking formando pareja con Ale Salazar. Pero, en muchas ocasiones, la ascendencia de la madrileña, toda una figura del padel desde antes de que la canaria hubiera entrado en una pista, confinaban a Marrero, muchas veces, al papel de meritoria. Incluso, cuando le tocaba tirar del carro, como fue el caso tras la lesión de su entonces compañera.

Esa impresión se vio reforzada cuando, en los meses que jugó junto a Cata Tenorio (que sustituyó a Salazar), alcanzó cinco finales (en 7 torneos) pero no pudo ganar ninguna.

En todo ese tiempo, el cambio de Marrero no fue estadístico sino de juego. La jugadora de Black Crown transformó su despliegue y le dio un empaque mucho mayor, con más protagonismo.

De cara a este 2019, la separación con Alejandra, de alguna forma, también suponía para Marrero someter a examen su propia aspiración. Y, por el momento, la canaria se ha cargado de razones.

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El impulso de la victoria

Antes de que comenzara el año, Marta Ortega sabía lo que era ganar un título grande de World Padel Tour. La madrileña, junto a Ariana Sánchez, conquistó en 2017 el único que hasta este año tenía en su palmarés: el Open de Santander.

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Aunque en 2018, ella y Ari llegaron a disputar dos finales más (las perdieron en Valencia y Granada), no se puede decir que la pelea por los títulos fuera una rutina para ellas.

En este 2019, sin embargo, Martita, a sus 22 años, ha conseguido lo que nunca había hecho: ganar dos títulos y, además, de forma consecutiva.

Para la perla de Adidas, acostumbrada a ganarlo todo en su etapa de Menores, este inicio de temporada parece un empujón definitivo en su carrera, la confirmación de las más altas previsiones que le han acompañado desde sus inicios.

Marta Ortega se encarama a la cima.

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