Algo más que un ligamento de rodilla se rompió aquel día. El 25 de junio de 2017, los focos apuntaban a Alejandra Salazar, tendida en el suelo de la central de Valladolid, derramando lágrimas. Un mal gesto al caer de un salto para golpear una bandeja envolvió a la jugadora en un profundo dolor y acabó con su temporada deportiva.

En aquel instante, sin embargo, se quebró algo más que la rodilla de la madrileña.

Valladolid: la desgracia que cambió todo

Su entonces compañera, Marta Marrero, fue testigo directo de la desgracia sin saber que, allí mismo, afrontaba el inicio de un nuevo episodio de su propia historia, un camino que acabaría por cambiar su realidad.

Salazar desfiló rumbo al quirófano. Marrero, en cambio, se enfrentó a una travesía de la que regresó siendo otra.

Cuando la pareja volvió a encontrarse, a formar de nuevo la única dupla que ha interrumpido la hegemonía de las gemelas Sánchez Alayeto, ya no se reconoció. Ni siquiera en el triunfo (y eso que fueron quienes más títulos WPT conquistaron en 2018).

Hoy, un año y siete meses después, Marta y Ale ya no caminan juntas. La nueva temporada de World Padel Tour situará la red entre ambas. Salazar ha buscado un nuevo impulso junto a la joven Ariana Sánchez. La canaria formará junto a Marta Ortega. Con ella tendrá la oportunidad de mostrar la transformación experimentada.

Porque, aquel día en Valladolid, no sólo se fracturó el cordón lateral de la rodilla de Ale. Allí, de alguna manera, se quebraron también los grilletes de Marta, los que aprisionaban su padel.

La de Las Palmas es hoy una jugadora distinta. Ha evolucionado su juego, ha incorporado registros y ha ganado peso y atrevimiento en los partidos. Marta Marrero es otra.

Una progresión asombrosa

La progresión de Marrero en el padel ha sido meteórica. Dos años después de su retirada del tenis (en 2009 colgó la raqueta al no lograr recuperar su nivel por lesión), probó el padel por diversión de la mano de una amiga, Laura Roca, nadadora olímpica en Sidney y en Atenas.

La canaria no tardó en medirse en la competición. Lo hizo primero en el circuito catalán y, enseguida, saltó al profesional. Era 2012, último año de Padel Pro Tour, cuando el padel profesional recibió a una de sus grandes estrellas de hoy.

Al año siguiente de estrenarse con las mejores, logró su primer hito: junto a Nela Brito se clasificó para el primer Master Final de la era World Padel Tour.

Marta Marrero 2013 world padel tour malaga
Málaga. Temporada 2013.

Su actuación le valió la llamada de Cata Tenorio con quien fraguó una temporada 2014 espectacular en la que se elevó hasta el puesto de pareja 4 del ranking e incluso ganó uno de los títulos en juego (en Valencia).

Con estas dos experimentadas argentinas, Marta desempeñó un papel muy específico. Tanto Nela como Cata son dos fajadoras, dos jugadoras de más tajo que filo, de poca pegada y muchos kilómetros. Acostumbradas ambas a sostener el juego por arriba, Marrero se vio obligada, en muchas ocasiones, a buscarle el hilo al duelo que le negaban sus rivales.

Cata Tenorio y Marta Marrero, en un partido de la prueba de Valencia. Foto: WPT.
Valencia. Temporada 2014. Foto: WPT.

En 2015, la retirada de Icíar Montes propició la llamada de Alejandra Salazar a Marrero. La madrileña la buscó para pelear por los títulos y discutirle el número uno a las gemelas Sánchez Alayeto. Lo consiguieron en 2016, apenas cuatro años después de que Marrero hubiera iniciado su andadura profesional.

En la moqueta, junto a Ale, la ex-tenista asumió un rol muy diferente. Marta pasó de buscarse la vida a asumir la responsabilidad de construir el juego desde la defensa. La canaria se convirtió en diana preferente de sus rivales cuyo plan principal pasaba por evitar la derecha de Salazar y, al mismo tiempo, asfixiar a Marrero en su esquina.

La de Black Crown se ha fajado con mucho coraje desde el fondo de la pista pero le ha costado abrirse camino hacia adelante. Su esforzado ejercicio defensivo ha mermado, en muchas ocasiones, su despliegue y le ha restado presencia en la red, su faceta más intimidante.

La grave lesión de Salazar en su rodilla, sin embargo, empujó a Marrero hacia una travesía de la que ha regresado siendo otra jugadora.

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Temporada 2018. Foto: WPT.

Paso al frente con Cata Tenorio

La rotura del ligamento cruzado que sufrió Alejandra Salazar en la final del Open de Valladolid de 2017 hizo que la de Las Palmas acudiera, de nuevo, en busca de Cata Tenorio, para cubrir la larga convalecencia de su compañera. Con la argentina completó la segunda parte de la temporada. Disputaron juntas siete torneos más el Master Final. Alcanzaron cinco finales y no ganaron ni un título.

El gran triunfo de Marrero, sin embargo, se situó más allá de la estadística. En esta segunda etapa junto a la de Paraná, ha experimentado una transformación decisiva.

Cata volvió a ser el objetivo prioritario de sus contrarias pero Marta no se resignó a ello. Consciente de su papel, se rebeló, abandonó su mazmorra y reclamó pista.

Asumió riesgos, desde luego. Desordenó a veces su despliegue pero adquirió una competencia mayor. Tuvo más peso en el juego ofensivo; encontró el modo de intervenir cuando sus contrarias no querían; descargó a su compañera y logró en muchos momentos imponer sus fortalezas.

Marrero lo comprendió pronto. Donde antes le obligaban a defender ahora se exigía atacar. De verse acosada pasó a tener que buscarse espacios. De contener atrás a irrumpir para decidir delante.

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Valladolid. Temporada 2018. Foto: WPT.

Poco a poco, la de Black Crown ha ido mejorando su capacidad defensiva. No sólo la eficacia de su respuesta atrás (más segura y consistente) sino que, además, le ha añadido un propósito de ataque a su despliegue desde el fondo.

Hoy, Marta Marrero defiende para atacar. Ha encontrado diversos caminos para conquistar la cinta. Ha pulido su globo y le añadido tres pasos al frente para ir al bloqueo. Ha potenciaso el uso de su revés a dos manos liftado con el que busca tobillos o ángulos cruzados para abrirse paso hacia adelante. Ha incorporado chiquitas. En definitiva, ha acelerado sus transiciones de atrás hacia la red.

Ese cambio de mentalidad emergió, obligada por las circunstancias, tras la lesión de Ale. “En parte me ha venido bien, dentro de lo que cabe”, explicó la jugadora en una entrevista reciente sobre ese tránsito en solitario sin Salazar.

“A nivel de juego, estoy mejor que hace dos años”, reconoce Marta en dicho medio y señala que ahora ha logrado “entender mejor el padel y jugar con más cabeza y seguridad en cosas que me cuestan más, como la defensa”.

Exhibiciones eclipsadas

En efecto. Marta Marrero ya era gigante en la red. Ahora, además, intimida también desde el fondo. Su progresión en el último año y medio ha sido evidente y muestras ha dado de ello.

Basta recordar ejemplos como el de la final del Madrid WOpen 2018. El partido de la canaria resultó sensacional. La limitación de Mapi (por lesión en el hombro), su oponente en el paralelo, marcó el partido.

Alejandra torturó a su rival desde el cruzado con secuencias de globos y envíos por abajo para consumirla. A Marta le tocó el papel más incómodo pero se ajustó al plan y lo ejecutó con maestría. No es sencillo jugar en paralelo, menos cuando, enfrente, Majo se agita para cubrir más de media pista. Pero la canaria estuvo impecable. Su trazo asfixió a Mapi y generó espacios al desordenar a Majo.

Su actuación en la prueba madrileña dio continuidad a la exhibición que realizó en la final de Lugo.

En el open gallego, los titulares fueron para el ejercicio de superación de Alejandra Salazar, dispuesta a competir con lágrimas en los ojos y el corazón en las tripas tras el fallecimiento de su padre días antes del torneo. Pero, en la pista, fue Marrero quien sostuvo el juego de manera primorosa. La canaria expuso sobre la moqueta su repertorio de novedades. En la final, resultó indescifrable para las número uno que acabaron desfiguradas.

Galicia les concedió el segundo título World Padel Tour y Madrid el tercero de una temporada que han acabado como la dupla que más entorchados ha logrado: seis.

La transformación de Marrero ha sido notable aunque, por momentos, ha quedado algo eclipsada por la recuperación física y psicológica de Ale (su formidable regreso merece capítulo aparte).

2019: El nuevo desafío de Marta Marrero

El peaje de todo ello ha sido elevado. Aquella fatalidad en Valladolid empujó a cada una hacia un viaje que las distanció. Las diferencias que asomaron durante el año 2018 (y que lograron aparcar desde la conjura de Andorra) han terminado por ser irreconducibles.

En 2019, Marta y Ale serán rivales. La canaria, junto a Marta Ortega, exhibirá un nuevo rol. La nueva Marrero defiende ya su propio espacio en el firmamento del padel.

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Madrid. Temporada 2018. Foto: WPT.
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