Incluso ese último globo corto que despedazó la imponente Gemma Triay para amarrar el partido, simbolizó un triunfo en sí mismo. El bote irregular de la pelota le hizo cometer ese fallo que, tras más de dos horas de dura batalla, acabó entregando el pase a la final del Cervezas Victoria Málaga Open a sus rivales. Pero hasta eso supo a victoria. En realidad, toda la actuación de las hermanas Sánchez Alayeto en Málaga tuvo ese gusto triunfal más allá del marcador.

Las gemelas cayeron en semifinales. Es la primera vez en todo el curso que alcanzan esa instancia. El registro sería una anomalía en la trayectoria de estas dos exnúmeros uno si no fuera porque se han visto obligadas a vivir en la anormalidad desde hace dos años.

Las aragonesas se cayeron del trono a raíz de la lesión en el hombro de Mapi en 2019, que pudo haberle retirado para siempre. Hasta entonces, habían gobernado el circuito World Padel Tour en cuatro de sus siete temporadas. Tras la baja de Mapi hace dos años, nada volvió a ser igual. Las hermanas, por más que lo intentaron, perdieron el sitio y no pudieron volver a recuperarlo.

Aquel episodio, en realidad, es el inicio del descenso a los infiernos vivido por estas gemelas que ha adquirido su forma más dramática este mismo curso con un diagnóstico atroz: esclerosis múltiple recurrente remitente.

La enfermedad que le notificaron a la propia Mapi el pasado mes de junio fue más que un mazazo. Aquello sonó más a condena definitiva.

El abandono entre lágrimas en Valencia, tras haber disputado solo un juego de su partido de dieciseisavos de final ante Alba Galán y Mari Carmen Villalba, reforzó el temor latente sobre el prematuro final de una dupla de capital importancia para comprender el pádel actual.

En Málaga, sin embargo, nos han recordado que no hay nada escrito frente a la encomiable determinación de estas dos jugadoras.

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Una enfermedad así le zarandea la vida a cualquiera, modifica por completo la forma de ver el mundo. A nivel deportivo, a Mapi (y por extensión a su hermana) la ha condenado a vivir en la incertidumbre, a despertarse sin saber si podrá entrenar, a entrenarse sin saber si podrá competir.

No es nada sencillo afrontar un escenario así. Los deportistas profesionales viven de unas pocas certezas en un mundo repleto de incógnitas. Son una tabla de salvación. Aferrarse a lo que depende de uno mismo les permite sobrevivir en mitad de la tempestad: entrenar, competir, superarse,… A Mapi, en cambio, le han arrebatado muchas de esas certezas. Por más que entrene, por mejor disposición que tenga para la competición, nada le asegura que podrá hacerlo el día indicado.

Es la peor de las torturas para una deportista.

Hay que ser de otra pasta para afrontar algo así sin bajar los brazos. Mapi y su hermana nos recordaron en Málaga que lo son.

Las aragonesas ofrecieron su mejor actuación, no ya de esta temporada, sino, probablemente, desde mitad de 2019. En el Cervezas Victoria Málaga Open 2021 compitieron como siempre. Fieles a su estilo. Intensas, valientes, decididas, pero, además, le añadieron la consistencia que habían perdido. La novedad es que exhibieron una alegría pocas veces mostrada.

Cada acierto y cada fallo parecieron sentirlo como la formidable constatación de que estar ahí sobre la moqueta ya les hacía victoriosas ante la cruel adversidad que les ha tocado vivir. Como si todo lo que antes era una obligada responsabilidad (volver a ser lo que fueron) ahora lo afrontaran como una maravillosa oportunidad (simplemente ser). Pura liberación.

Sí, la enfermedad les ha debido mover el foco a las gemelas. A cualquiera le ocurriría. Pero, a tenor de lo visto en la Costa del Sol, es posible que este replanteamiento les haya permitido soltar lastre para poder recuperar su nivel.

En cuartos de final se impusieron a Marta Ortega y Marta Marrero, dupla finalista en Las Rozas, dos exnúmeros uno en camino de reformular su triunfal alianza. Ganaron las gemelas con un despliegue sobresaliente que desarboló a sus rivales (6-1 y 7-5).

En semifinales, las prestaciones de las dos hermanas se multiplicaron ante las actuales reinas del circuito, Gemma Triay y Alejandra Salazar. Se desplegaron con brillantez y si no vencieron fue más por algún detalle relacionado con el acierto en momentos clave. Por lo que respecta al juego, merecieron sin duda la victoria (4-6, 6-3 y 6-4).

Para Mapi, en concreto, fue una prueba decisiva. La superó por completo. Todas las dudas que había estado ofreciendo desde su regreso a las pistas tras la operación de su hombro en 2019, se disiparon de golpe. Recuperó la víbora, exhibió pegada cuando lo necesitó y sostuvo un enorme volumen de juego frente a la mejor derecha del circuito, Alejandra Salazar. A su lado, Majo consiguió, al fin, acotar su espacio.  

Fue una actuación que rescató lo mejor del repertorio de las hermanas Sánchez Alayeto. Disputaron cada pelota como si fuera la última, con la mirada puesta siempre en la red, sin respiro en sus acometidas, sin dudas. Solo la intervención prodigiosa de Triay, la jugadora más determinante del momento, les impidió abrirse camino a la que hubiera sido su primera final del curso; la primera desde hace nueves meses (perdieron la del Estrella Damm Barcelona Master 2020 ante Lucía y Gemma).

Tras dos temporadas de penurias, Mapi y Majo se liberaron al fin. Acumulan dos títulos en este tiempo, uno en Menorca en 2019, con Mapi recién llegada de su convalecencia; y otro en Madrid hace justo un año.

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En Málaga, ni siquiera tuvieron opción de disputarlo pero salieron con algo mucho más importante que el trofeo.

Con el ranking y el palmarés fuera de foco, las hermanas parecen haber decidido jugar sin más responsabilidad que la de aprovechar el momento. En el Martín Carpena fueron ellas mismas sin la obligación de ser nada más. Se atrevieron, acertaron y fallaron, pero, sobre todo, disfrutaron como hacía mucho que no ocurría.

Durante más de un año, las gemelas han luchado sin éxito por volver a ese escenario en el que se dirimen los títulos y el trono. No lo han conseguido. Nuevas actrices emergentes han ido ocupando su lugar al tiempo que aumentaba la frustración de quienes fueron reinas en su día.

Ahora, tras la aparición de la enfermedad de Mapi, no ha cambiado la hoja de ruta pero sí la manera de encararla: ya no miran atrás (a lo que fueron) ni adelante (lo que ambicionan ser), simplemente se centran en sacarle el máximo partido al ahora. Es su gran certeza. Su mejor baza.

En Las Atómikas no resulta extraño. Su virtud invisible les ha permitido salir victoriosas en multitud de ocasiones incluso cuando el marcador señaló su derrota. Es lo que mejor define su categoría como deportistas.

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Así que, con la mochila sin tanto peso, las gemelas Sanchez Alayeto vuelven a volar sobre la moqueta. Y ¡ojo! Su pádel, tal como exhibieron en la Costa del Sol, tiene más vigencia que nunca.

  • Fotos: World Padel Tour.
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