¡Jordi, Jordi, Jordi! La ovación atrona el interior del Palacio de los Deportes Martín Carpena. El público, en pie, celebra el pase a semifinales del Costa del Sol International Open del jugador canario, afincado en Málaga, Jordi Muñoz, y de su compañero, Paquito Navarro. Con esta épica victoria, The Spanish Power logra su primer gran resultado de la temporada 2013. Y lo hace con un pádel soberbio que se eleva por momentos a lomos de un público entregado que no permite ni un instante de duda o vacilación en la dupla española. 

Ni siquiera cuando sus formidables adversarios, Matías Díaz y Cristian Gutiérrez, cambian el ritmo, abren ángulos, aprietan desde la red y los someten con su juego fino y firme. Jordi es para la afición malagueña uno de los suyos y eso, por si había dudas, queda claro desde el primer instante. ¡Vamos Jordi! Es un único grito de ánimo antes del comienzo que retrasa el primer saque cuando la grada regala la primera ovación a los dos españoles.

Porque Paquito Navarro, sevillano, es el jugador nacional más carismático del circuito. La gran esperanza ibérica. Puro talento, pura pasión, puro espectáculo. Su conexión con la afición es patente en cada parada del WPT. Y aquí en Málaga, también. El público se rinde a su creatividad, su lucha, su juego.

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Intentó manejar el partido Cristian Gutiérrez pero no pudo lograr la victoria.

Enfrente, The Warrior, una fuerza de la naturaleza mermada por unas molestias físicas en su pierna izquierda, y El Kaiser, un talento prodigioso exigido más en lo físico por el déficit de su compañero. Ni eso frena la amenaza.

Los cuatro jugadores se retan sobre la pista, buscan alcanzar el penúltimo peldaño antes de la gloria, pugnan unos por romper su techo de este año, otros por mantener su brillante trayectoria (con dos títulos y tres finales consecutivas del World Padel Tour); es toda una lucha de gladiadores. Sus miradas, sus gestos de rabia, sus gritos forman parte de un combate sin cuartel, una batalla para valientes en la que no hay respiro.

El canario de Babolat juega en casa. La presión añadida se convierte de inmediato en motivación. Ruge, asiente con la cabeza, eleva los brazos celebrando cada punto. El aliento de la grada le empuja en una actuación portentosa marcada con el sello del mejor pádel del mundo.

A su lado, Paquito despliega su magia, sin incurrir en el caos. Guiado por un excepcional Jordi, el sevillano de Middle Moon construye el juego con mucha cabeza y libera su inspiración en los momentos precisos. Es tan claro el modelo, que les ilumina el camino incluso en la penumbra cuando sus contrincantes logran el primer break. Sucede en el séptimo juego del primer set. Cae el servicio de Jordi (3-4). El golpe, certero, le sirve a Mati y Cristian para anotarse la primera manga (4-6).

A esas alturas, Díaz, con sus leves molestias físicas, lucha por mantener el nivel. Están cerca de una nueva semifinal. La derrota en el primer parcial acrecienta las dudas, desconecta algo a Paquito, que pasa algunos apuros para ganar su saque en el inicio del segundo set. Es Jordi quien tira de él. Con la fuerza del público a favor, Muñoz alienta, motiva, inspira al sevillano. El resto corre a cargo de la grada del Martín Carpena que no está dispuesta a dejar caer a sus ídolos y se desata tras un punto kilométrico, toda una oda al pádel por parte de los cuatro jugadores que acaba a favor de los españoles (4-3).

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Jordi Muñoz estuvo soberbio.

El rugido de ambos recorre el pabellón. Frente a frente, chocan pecho con pecho, conectan mirada con mirada. La complicidad les asciende un nuevo peldaño.

El tie break asoma en el horizonte de este igualado segundo parcial. Cada punto encierra una historia de esfuerzo, sacrificio y superación. ¡Vamos, Mati! le incita Cristian a su bravo compañero. La gloria la tienen al alcance de la mano.

¡Vamos animal! ¡Mucho, mucho, mucho! celebra Jordi Muñoz tras una acción sensacional de Paquito. El sevillano da un paso al frente. Quiere la responsabilidad. Su célebre cuchilla aparece para mantener el pulso en plena ruleta rusa. Quien afloja, sin embargo, en la muerte súbita es Matías Díaz que estrella una volea en el cristal de fondo. El rugido de Navarro se impone incluso a la celebración del público. El clímax en la grada llega con el jugador español de Middle Moon cara a cara frente a la afición. Acaba de sacar por cuatro metros junto a la red un remate de su adversario de Starvie. La carrera le lleva a pie de grada. Se desata la locura. El segundo set queda a dos puntos de su sentencia. No fallan. Imposible. (7-6).

¡Sí, se puede, sí, se puede! corean los más de 3000 aficionados presentes en la grada cuando casi se acumulan dos horas de partido y se anuncia una tercera refriega, la definitiva.

La tensión se dispara en el encuentro. Un break al saque de Mati, en el tercero, desata la euforia (2-1). Una advertencia técnica del juez árbitro a Cristian y Matías acrecienta la gravedad del momento. Discute el Kaiser. Un desperfecto en la moqueta de la espectacular pista central prolonga el desencuentro con el rencilla, retrasa el desenlace del partido.

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Paquito Navarro jugó con mucho criterio y dejó muestras de su magia.

En la reanudación, Gutiérrez resurge del abismo para imponer su doctrina de seda. Devuelve la rotura de saque y cierra la brecha (3-3). Jordi y Paquito mantienen intacto su relato. Ordenados atrás, valientes arriba. The Spanish Power. Ambos se encomiendan a la hoja de ruta que conserva intactas sus opciones. Sus oponentes se revuelven, aprietan para imponer su juego, para domar a los rivales.

La afición que abarrota las gradas vibra. Y el ruido enciende a Paquito, imperial, que emerge justo a tiempo, con el partido apuntando al tie break decisivo.

¡Jordi, Jordi, Jordi! El clamor vuelve a sonar en el Martín Carpena. Dos fallos, uno de Mati y otro de Cristian, junto a un acierto de Paquito con la volea, abren distancia en el tie y revolucionan aún más al público. ¡Yo soy español, español, español! El apoyo de los aficionados es vital en el desenlace. El ánimo eleva a Paquito y Jordi sobre el cansancio. El aliento empuja más allá de la cinta dos bolas que se quedaban en campo de los españoles. Dos puntos vitales que contribuyen a cerrar un partido de resultado efímero y recuerdo imborrable (4-6, 7-6 y 7-6).

“Se lo dedico a la grada porque sin ellos hubiera sido imposible”, reconoce Navarro horas después de lograr una victoria que los aficionados, en pie, celebran al grito de ¡Jordi, Jordi, Jordi! Las semifinales aguardan ya a esta sensacional pareja.

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