¿Qué es la vida? Un hijo. Una madre. Un amor. Un viaje. Cada cual seguro que encuentra su propia respuesta. Incluso habrá quien sea incapaz de dar con una concreta. Para un grupo de mujeres, sin embargo, la vida es aquello que transcurre a lomos de cada una de las temporadas de su liga de pádel. No, no es una exageración.

Son de distintas edades, de distintas procedencias, de diferentes niveles. Todas, sin embargo, comparten su pasión por este deporte y la llevan más allá.

Se aproximaron a él a través de una competición que surgió sin aspiración de serlo. Aquella liga ha acabado convirtiéndose en un ejemplar ejercicio de aprendizaje y autogestión que, de alguna manera, ha terminado por transformar a las protagonistas. Siete años después, la Liga Femenina Padelazo ha evolucionado tanto como las propias vidas de las fundadoras.

Algo más que una liga de pádel para mujeres

A estas alturas, ya lo habrás pensado pero no es así. Y es necesario dejarlo claro antes de seguir la historia. Lo relevante de este relato no es la denominación de esta liga de pádel para mujeres. Sí, se llama Padelazo pero la coincidencia de su nombre con el de esta web no responde a ningún acuerdo de patrocinio, colaboración o de cualquier otra índole. No lo hay.

Su camino se ha desarrollado siempre en paralelo al de este portal (esta web surgió dos años antes), de manera independiente, sin más vínculo que el interés informativo que la competición, desde su origen, ha ido suscitando (comenzó, de hecho, con otro nombre).

No estás, por tanto, ante un ejercicio de autobombo. El mérito de todo recae sobre este grupo de mujeres que han ido tejiendo en torno al pádel una red de hilos invisibles que ha acabado por conectarlas a todas. Padelazo.com, únicamente, da fe de ello a través de estas líneas.

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Éstas fueron las 32 jugadoras de la I edición de la Liga Padelazo.

Pinceladas de vida conectadas en torno a la Liga Padelazo

Un total de 15 ediciones repartidas en 7 años. Entre 180 y 200 jugadoras, todas residentes en la Costa del Sol, distribuidas en seis categorías cada ejercicio. Una competición de mujeres que, desde el principio, sobrevive desde la autogestión. En realidad, es mucho más. Es un espacio vivo lleno de vidas que se conectan entre sí.

Elisa, Karina, Lola, Rocío, Luisa, Mari Carmen, Rosa, Candela, Eva, Marta, Trinidad, Lola, Gracia, Sara,… Varias de las fundadoras, durante la conversación con esta web, se miran entre ellas como si no hubiera cambiado nada en este tiempo. Pero sí lo ha hecho y mucho desde ese primer trimestre del año 2012.

Primero fueron algunos partidos y luego aquellos improvisados mixins que organizaban entre unas cuantas de ellas en las instalaciones del Patronato Municipal de Deportes de Torremolinos. Alquilaban dos o tres pistas y se organizaban sus enfrentamientos. Era un simple divertimento semanal y, al mismo tiempo, sin saberlo, el embrión de la llamada I Liga Femenina Individual de Pádel de la Costa del Sol. O lo que, un año después, pasó a llamarse por decisión de ellas, la Liga Padelazo.

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“Es un ejemplo de lo que un grupo de mujeres son capaces de conseguir trabajando juntas sin intereses económicos”, explica Mari Carmen García hoy para poner en valor el esfuerzo y la dedicación que han venido empleando en todo este tiempo para crear su propio espacio. “Nadie se cree que hacemos esto de manera altruista”.

Porque ese es uno de los secretos de esta iniciativa: no hay ánimo de lucro. La competición se gestiona a través de un grupo de Whatsapp en el que están todas las delegadas, las que coordinan cada categoría y las que no.

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Parte del grupo de delegadas de la Liga Padelazo. Foto: LFP.

“Cuando ocurre algo nuevo lo planteamos en el grupo y lo votamos”. Una incidencia, una reclamación, una incorporación nueva,… Así, cada semana, cada mes, cada temporada.

Lo cuenta Kaarina, fundadora de la liga que sólo pudo disputar la primera edición por culpa de una lesión de rodilla. No ha vuelto a coger la pala pero se mantiene como delegada. “A mí me encanta el ambiente, el buen rollo que hay; no quiero desconectarme”, afirma siete años después esta agente de viaje, madre de dos hijos (es una de las cuatro delegadas que ha sido madre en este periodo), a quien la ilusión le puede más que la falta de tiempo.

No es la única que encuentra su recompensa en esta competición. “Llevo seis años viviendo en Fuengirola y la liga me ha dado la vida”. Lo cuenta Rosa González, organizadora de viajes que no sólo encontró amistades en torno a la liga sino también empleo. Marta Angulo, otra de las coordinadoras, la reclutó para su empresa: “es verdad, la Liga Padelazo ha cambiado la vida de mucha gente”.

Puede dar fe de ello Eva Melgar, también fundadora. Hoy es una persona distinta a la que empezó en la liga. Trabaja como teleoperadora, ha encontrado el amor y explica su recorrido a través de una conversación que fluye sin reparos. Nada de ello era posible hace siete años. “Para mí ha sido una transformación personal, soy otra muy distinta”, cuenta mientras sus lágrimas contagian al resto. Ella misma rompió barreras que se imponía a sí misma, desterró miedos y trabajó su autoestima. A su lado, de alguna u otra manera, tuvo a este grupo de locas del pádel en su viaje interior.

“El valor de la liga lo explica bien un recuerdo”, relata Mari Carmen. Es investigadora del Instituto Español de Oceanografía. Ha estado en la Cumbre del Clima que se celebró en Madrid hace unos meses y, de alguna forma, es la conciencia medioambiental del colectivo.

“Cien mujeres se pusieron a cantar mi nombre tras haber ganado mi partido en una de las finales de la temporada”. El relato se interrumpe y afloran de nuevo las lágrimas en algunas de sus compañeras. La propia Mari Carmen, en cambio, se mantiene serena mientras aclara que ha tenido que ir superando diversas enfermedades que le han obligado a pasar demasiadas veces por el quirófano.

“Desde mi separación, mi vida social ha estado relacionada con el pádel”, cuenta Luisa Campos. Así rehizo su vida. Hoy trabaja en el sector de la financiación, es madre de un hijo y es otra de las delegadas de peso que se mantiene desde el inicio.

Candela, operadora de planta, llegó a Málaga desde Cádiz. “Vine aquí a estudiar y empecé a jugar la liga en 2012”. Es otra de las delegadas que reparte su tiempo entre el trabajo, la familia (tiene una hija pequeña) y los quebraderos de cabeza que proporciona esta competición. Porque los tiene.

“El final de cada temporada siempre es complicado”, avisa Luisa con un recuerdo en la cabeza: el cierre de 2017. Fue un momento crítico para la continuidad de la competición. “Empezaron a fallar delegadas, faltaron jugadoras, hubo problemas con los premios”. La explicación la retoma Eli, el alma máter de la Liga Femenina Padelazo.

Todas, y las que faltan en la conversación, son el motor de una competición a la que dan vida las participantes cada semana. Ellas entregan su tiempo para mantener vivo el proyecto.

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Elisa Gordo: guardiana del espíritu Padelazo a tope

El entusiasmo y la capacidad de transmitirlo son dos de las cualidades que destacan de esta mujer, pilar indiscutible de la competición, junto a su capacidad de trabajo y su facilidad para liderar sin imponer.

Elisa Gordo, Eli, es química de profesión, justo lo que le sobra para mantener unido al equipo tanto tiempo. Se maneja en el terreno de lo nuclear, ha hecho expediciones al Ártico, tiene una hija que no aún no llega a los dos años y la habilidad secreta para estirar el tiempo a voluntad.

Es una mujer que no rehuye los desafíos pero en 2017, por primera vez, estuvo muy cerca de abandonar.“Vi tanto egoísmo en aquella final que se me quitaron las ganas de seguir, ya no estaba disfrutándolo”. A Elisa se le unieron también circunstancias particulares y la mezcla de todo ello asomó la competición al abismo. “Me tomé un tiempo, quise buscar una sustituta pero no la encontré”.

Al final decidió continuar para fortuna de la liga y de sus componentes. “Eli tiene mucha capacidad”, subraya Luisa mientras asiente el resto, “muchas la seguimos a ella, tiene mucha paciencia”.

Así es. De hecho, las locuras de Eli, término que han acuñado sus compañeras, han sido gran parte del alimento vital de esta competición durante todos estos años. Desde aquel primer fin de semana de marzo de 2012 hasta la decimoquinta edición, ya está en curso.

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Fotos: LFP.

Una liga de pádel con nombre propio

A lo largo de su trayectoria, la Liga Padelazo exhibe un reguero de hitos a modo de palmarés que van más allá de cualquier trofeo. El mayor de todos: su propia identidad.

Equipos propios en competiciones federadas regionales y nacionales; interclubes en Madrid, Conil o Granada, entre otros lugares; torneos propios; clínics con estrellas del pádel (Carolina Navarro, Tito Allemandi, Ernesto Moreno,…); incluso, han estado invitadas por algunos jugadores del circuito profesional para jugar en algunos clubes de Barcelona.

Son experiencias deportivas repletas de vivencias personales que han ido reforzando el vínculo de las jugadoras con una liga que tiene espacio para todas. Desde la más joven, una chica de 16 años, a la más experimentada, una veterana de 70 años.

Todas comparten el mismo grito: ¡Padelazo a tope! Detrás del cual asoma de manera visible una identidad que cuenta, incluso, con marca propia.

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Foto: LFP.

Padeli13, la marca de la Liga Padelazo

Fue en 2015. “Conocimos a un proveedor de Murcia y fuimos a verle”, recuerda Eli. Ahí se forjó Padeli13, la marca textil de la Liga Femenina Padelazo.

Hasta entonces, tenían acuerdos con algunas firmas para lanzar su ropa de competición pero, como todo lo demás, decidieron hacerlo ellas mismas. Sin intermediarios.

Desde entonces, “cada temporada sacamos una equipación que ponemos a la venta para las jugadoras de la liga”, cuenta la delegada mientras una de sus compañeras salta de inmediato para subrayar un dato relevante. “A coste, vendemos las equipaciones a precio de coste, sin beneficio alguno”.

Es la naturaleza altruista de la competición, que se mantiene inalterable pese a que oportunidades de hacer negocio han tenido y muchas en todos estos años. “Sí, hemos tenido bastantes ofertas de colaboraciones y patrocinios”, reconoce Eli. Detrás de algunas de las cuales había un intento de apoderarse de esta liga de mujeres. No lo consiguieron.

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Foto: LFP.

Una mirada social

Es la voluntad de las delegadas lo que mantiene a salvo el proyecto. Son ellas con su esfuerzo quienes trazan las líneas rojas. “El trasfondo de la liga es un grupo de amistades que se va manteniendo”, insiste Rosa. Un buen ejemplo de ello es el caso de Rocío González. También química de profesión, es la jugadora de más nivel pero no juega la competición ni es delegada. Su vínculo con la liga, inalterable, va más allá.

Porque, en el fondo, todo esto es mucho más que un evento deportivo. Es un espacio compartido que han construido de la nada, que gestionan ellas mismas, que lo evolucionan hacia donde quieren sin renunciar a sus principios.

Todas las jugadoras, pese a la distancia en el tiempo, miran ya a las finales de este año, el momento culminante de la temporada.

Esta vez, será el 20 de junio en el club Cerrado del Águila, el escenario que acogió la primera edición, sede World Padel Tour en los últimos cuatro años y colaborador imprescindible de la Liga Padelazo.

La planificación es fundamental para el éxito organizativo de la competición. Y, además, nadie quiere perderse la gran cita.

“Hay quien pregunta al principio de temporada que cuándo es la final porque quieren reservarse el día”, apunta Mari Carmen. Porque las finales van más allá de la resolución de cada una de las categorías. Es la rúbrica deportiva del curso, la puesta en común de todas las experiencias, la gran fiesta que refuerza aún más la identificación de las participantes con aquello que ha sido creado para ellas, que les pertenece.

Ese sentimiento de pertenencia está en cada viernes de partido; en la clasificación semanal (a través de la web www.padeli13.com); en las rivales de hoy que mañana serán compañeras (es una liga individual en la que todas juegan con todas y contra todas en cada categoría); en los eventos deportivos y sociales (torneos, fiestas, romerías, conciertos…) en los que, de alguna forma, la liga siempre está presente,…

Y está, por supuesto, en cada uno de esos cierres de temporada que, además, incorporan un trasfondo benéfico que alimenta aún más esa simbiosis: autismo, cáncer, menores hospitalizados,…

Siempre hay una causa hacia la que apunta esta liga. “Es una aportación que hacemos a la sociedad, como nuestra obra social”, señala Eli.

Y ya están preparando otra iniciativa. No es otra de las locuras de Eli sino, en este caso, de Mari Carmen, la conciencia medioambiental de la Liga Padelazo. “Queremos organizar una marcha por el Medio Ambiente en Málaga”.

Porque todo este proyecto hace tiempo que ha trascendido el deporte. Es un epicentro de relaciones que une a mujeres con el pádel como punto de partida y la vida como horizonte.

Algún día, sin duda, se acabará. Será cuando ellas quieran. Pero, mientras ocurre, comparten su grito bien fuerte: ¡Padelazo a tope!

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Foto: LFP.
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