Acaba de terminar su decimotercera final del año. Acaba de conseguir su decimotercer título de la temporada. Suma 14 años como número uno y se prepara para cerrar 2015 con el broche del Master Final.

 

Fernando Belasteguin se enfrenta al micro de Andrea Ballester. Una rutina para quien acapara los focos en cada torneo. Pero la voz, esta vez, apenas le alcanza. La emoción le asfixia el habla. Las lágrimas le ablandan su incisiva mirada. La difuminan. La escena humaniza a todo un mito del padel que lucha por recomponerse.

 

¿Qué le sucede a Bela? ¿Qué siente ahora alguien que lo ha ganado todo en los últimos tres lustros? ¿Un jugador que ha dominado el padel sin discusión, que ha batido todos los registros? ¿Por qué llora emocionado Belasteguin tras el título de Valencia?

 

El Estrella Damm Valencia Master 2015 clausura el año regular del circuito World Padel Tour. Bela y Lima resuelven con mucha autoridad la final ante Miguel Lamperti y Adrián Allemandi (6-2 y 6-1). Se anotan así su undécimo título en su undécima final juntos. Un pleno impresionante.

Crónica Final Valencia Master

 

Para el argentino, el registro es aún más espectacular. Bela ha estado presente en 13 de las 15 finales disputadas este año (en los Challenger no ha participado). Las ha ganado todas (en Barcelona, cayó en semis por la retirada de Lima y en Madrid no compareció por enfermedad).

 

La escalofriante estadística, sin embargo, no sirve para reflejar todo lo que hay detrás de esta temporada que enfila ya hacia su clausura. La verdad está en esas lágrimas, en la emoción del número uno.

 

El llanto de Bela es el último regalo que este genio le brinda al padel. Por encima de su dedicación, de su afán de superación, de su inigualable voracidad competitiva, de su talento. Esas lágrimas, esos sentimientos nos señalan la verdadera ruta de un campeón, nos dejan claro que en el deporte no existen los atajos, nos despiertan de la maldita costumbre de juzgar por un marcador, de nuestro afán por medir el éxito por un punto.

 

El rostro de Fernando Belasteguin nos cuenta todo aquello que sus triunfos y sus títulos nos ocultan. Su reputación le sitúa en el Olimpo del Padel. Pero él nos recuerda su origen terrenal, nos muestra que todo lo que ha conseguido surge del esfuerzo, el sacrificio y la pasión. Nos brinda su secreto. Más allá de sus victorias, de sus registros estratosféricos, de sus récords, estas lágrimas de Bela son el mejor regalo para el padel.

 

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Año I sin Juan Martín

 

Durante 13 años ha compartido lado con Juan Martín Díaz, el mayor talento de este deporte. El Galleguito ya era un número uno cuando eligió a Belasteguin para jugar juntos a finales de 2001. En los 13 años siguientes, el de Pehuajó se desvivió por llegar a su altura. Juntos se sostuvieron en la cima del padel formando una pareja irrepetible: Juan y Bela.

 

Sí. Primero, Juan. Después, Bela. Siempre así. La jerarquía, lógica al principio, se consolidó aún cuando sobre la moqueta el orden ya no se mostraba tal cual. La magia del argentino de Drop Shot, sin embargo, eclipsaba cualquier debate al respecto. Incluso el propio Belasteguin contribuía a disipar las dudas al colocarse siempre detrás.

 

Este año, sin el prodigioso zurdo a su lado, Bela debía volar solo. Muchos le señalaban como eterno secundario, como un meritorio de trazo grueso y más tajo que talento. Le reclamaban, le exigían que demostrara que no era escudero sino caballero, confiados en que su fracaso reforzaría aún más el trono de Juan Martín. ¡Como si fuera incompatible admirar al mago y fascinarse con el guerrero!

 

La retirada de Lima en las semifinales de Barcelona, el primer torneo del año, agitó a sus detractores. El refulgir de las guadañas descubría a quienes estaban listos para vociferar su discurso enlatado: Belasteguin, sin el bueno a su lado, es un fiasco.

 

Ocho meses de competición después, Bela es Bela. Sólo Bela. No necesita más apellidos que el suyo por más que él mismo se empeñe en desviar los focos. “Lo único que tenía claro es que tuve la suerte de tener de compañero durante 13 años al mejor de todos los tiempos, y ahora tengo la suerte de tener al lado al mejor de todo el año. Así que quizá lo bueno mío es tener siempre a uno muy bueno al lado”, le hemos oído decir este mismo año tras la final de Mallorca. Una vez más.

 

Lo cierto es que, al lado del argentino, la evolución de Pablo Lima este año ha sido asombrosa. La entrega, la pasión, la exigencia de Belasteguin han elevado al brasileño. “Le hago un homenaje especial. (…) Cómo lo ha hecho y de la manera en que lo ha hecho, es emocionante por la pasión que le ha puesto toda la temporada”, explicó Pablo tras el título en Valencia. “La marca padel tiene que estar vinculada a su nombre para siempre”, subrayó el brasileño. “Cuando se hable de padel, se va a tener que hablar del apellido Belasteguin”.

 

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Foto: WPT.

 

Lima: una apuesta personal

 

Aquel mes de octubre de 2001, Juan Martín Díaz propuso a Fernando Belasteguin empezar a jugar juntos. Fue El Galleguito quien dio el paso, consciente del potencial de aquel chico de Pehuajó.

 

La deuda de Fernando Belasteguin

 

En marzo de 2014, fue Bela quien decidió romper con Juan. Una determinación más próxima a la temeridad. Hay que ser valiente para dar un paso como ese, para renunciar a quien te ha acompañado como número uno en los últimos 13 años, para dejar atrás a quien te puso delante, para soltar a quien la grada nunca abandona.

 

El recambio lo buscó el argentino en un rival directo: Pablo Lima. Tenía a su disposición a cualquier jugador del circuito. Podía haber elegido a quien hubiese querido. Una llamada suya hubiese roto cualquier pareja. Bela no tuvo dudas. Su apuesta fue clara desde el principio: el zurdo brasileño.

 

Ahora, con la temporada en su epílogo, visto el rendimiento de todos, es muy fácil quitarle mérito a la elección de Belasteguin. Pero es necesario recordar que el Lima de hoy no es el del pasado año. Ni de lejos. Que romper con Juan Martín conllevaba un riesgo enorme. Que un cambio de este tipo a los 35 años no deja mucho margen de maniobra. Que la marca Juan y Bela estaba ya consolidada y era un valor fiable para sus patrocinadores.

 

Bela envidó fuerte. Lo arriesgó todo. Su decisión le aventuró en un terreno desconocido, incierto. Nada nuevo en quien cruzó el charco para construirse. Otra vez, un funambulista en busca del éxito con la fe y el coraje como principales aliados. Aquella lesión de Pablo Lima en Barcelona a punto estuvo de truncarlo todo antes incluso de empezar. Sabe que el fracaso hubiera sido exclusivamente suyo. Al final, sin embargo, ganó su apuesta. Sus lágrimas, hoy, alivian toda esa tensión insoportable.

 

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Foto: WPT.

 

La gesta con Willy Lahoz

 

La convalecencia de Lima desde el primer torneo obligó a Bela a buscar un sustituto temporal. Eligió al veterano Willy Lahoz.

 

Hoy, que la estadística de triunfos del argentino deslumbra, que sus registros crecen y los calificativos se agotan; es necesario subrayar que aquellas dos victorias de Belasteguin junto al español, en San Fernando y en La Palma, son dignas de ser consideradas dos de los grandes acontecimientos del padel profesional.

 

La exhibición de Bela, a nivel táctico y psicológico, el ejercicio de compañerismo que protagonizó, su despliegue impresionante y el efecto que todo ello produjo en Lahoz merece ser expuesto como modelo de referencia para cualquier amateur.

 

Bela y Lahoz: el significado de un gesto

 

Bela triunfó de nuevo. Lo hizo en el marcador, pero sobre todo, lo consiguió sobre la pista con una actitud inconmensurable. Aquella exhibición resultó antológica. Bela ganó y luego, se apartó de los focos para cederle el espacio a Willy.

 

Aquellas dos asombrosas victorias le sirvieron para comprarle tiempo a Pablo Lima, aunque, al mismo tiempo, aumentaron la presión de éste de cara a su regreso a las pistas. Más tensión, más sacrificio. Más exigencia.

 

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Fernando Belasteguin. Foto: WPT.

 

Una derrota que no llega

 

Salvo la derrota en semis de Barcelona por retirada, Bela y Lima no saben lo que es perder en los 11 torneos de la temporada que han disputado juntos al completo. Han estado a punto de hacerlo en varias ocasiones. Pero, finalmente, han logrado esquivar la derrota.

 

La proeza, sin embargo, ha generado un efecto perverso. La admiración ha ido dando paso, demasiado pronto, al hartazgo. Cualquier rival que se haya enfrentado a Belasteguin ha contado con más apoyo del público que el argentino y el brasileño.

 

Las ganas de verles doblar la rodilla han ido más allá del graderío. Se aprecia incluso en el propio circuito que, tras prometer un año lleno de incertidumbre y emociones, ha visto truncada su oferta por la incomparable superioridad de Bela y Lima.

 

Una cruel paradoja para el argentino y el brasileño. Nadie ha hecho más por el padel. Todo ese empeño por seguir mejorando, ese permanente compromiso por elevar aún más la exigencia, por estar a la altura de su prestigio, lejos de provocar fascinación, lejos de maravillar, ha ido conformando un insólito clima de hastío que ha acabado distorsionando la escena.

 

Bela y Lima han sido, en cierta forma, repudiados por ser los mejores. A los números uno les han criticado que ganen, que sean defensivos, que sean agresivos, que sólo jueguen a ganar, que no lo hagan bonito, que no sonrían,…. Les han minusvalorado sus triunfos despreciando a sus rivales. Que salen derrotados, que bajan los brazos muy pronto, que no le juegan todo a Lima, que no le juegan todo a Bela

 

La única realidad, sin embargo, es que la hazaña de estos dos jugadores ha enmudecido a cualquiera. A todos. La única derrota ha sido para quienes no han sabido apreciar lo que estos dos jugadores han conseguido en su primer año sobre una pista de padel.

 

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Fernando Belasteguin. Foto: WPT.

 

Máxima tensión, máxima presión, máxima exigencia

 

Contra lo que pudiera parecer, la inmaculada trayectoria de Bela y Lima ha ido elevado aún más la exigencia para ambos. No se han permitido un tropiezo en todo el año pese a que se han visto en muchas y variadas situaciones. Han ganado desde el inicio. Han remontado. Han jugado con problemas físicos. Y lo han hecho contra rivales mermados. En todas las circunstancias han salido triunfadores. En todas, menos en una. Hay un único escenario en que la pareja Adeslas aún no se ha probado: la derrota. Y no hay mejor baremo que éste para medir la fortaleza de un proyecto. Cerca han estado de ello pero la han esquivado hasta ahora.

 

Nadie sabe las consecuencias de una derrota en los números uno. No hubieran sido traumáticas, en cualquier caso. Incluso puede que perder algún encuentro les hubiese aliviado la carga de la imbatibilidad, les hubiera aligerado la responsabilidad y les hubiera humanizado.

 

Por más que se protejan contra ello, no es nada fácil salir a la pista a competir en cada torneo cuando ni siquiera se les reconoce el valor de la victoria.

 

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Odio y amor con la grada

 

La relación de Bela con el público ha sido siempre muy particular. A diferencia de otros jugadores, el escrutinio a Belasteguin por parte de la grada no admite comparación.

 

Varios episodios han puesto de relieve esta temporada la distancia de una parte de la afición con el argentino. Silbidos en Mallorca, en Valladolid, en Málaga,… Muchos se liberan transformando su frustración por no verle caer en reproches desde el asiento. ¡Qué fácil es pitarle a Bela!

 

Bela: la injusta condena de un rey maldito

 

En La Nucía, sin embargo, la situación se descontroló. La inadecuada respuesta del argentino y de su compañero dio pie a un altercado en el que resultó herida una espectadora.

 

La reacción de ambos jugadores fue tan insólita como inoportuna. Por aquello, Bela y Lima fueron sancionados con una multa económica.

 

Sanción a los números uno

 

 

Ocho meses después, la temporada ha finalizado. Sí, queda aún el Master Final. Pero los ojos de Bela empañados, sus lágrimas y su voz quebrada, han clausurado un año extenuante, inolvidable.

 

Declaraciones de Fernando Belasteguin, a partir de 3º55’09”. Video: WPT.
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